Los centros logísticos han dejado de ser simples espacios de almacenaje para convertirse en uno de los ejes estratégicos de la transformación del sector. Su peso creciente dentro de las cadenas de suministro y su elevado consumo energético los sitúan en una posición clave dentro de las estrategias de descarbonización, eficiencia operativa y control de costes que afronta hoy la logística.
La transición hacia modelos energéticos más sostenibles avanza impulsada por varios factores convergentes: el crecimiento del comercio, la presión por optimizar recursos, la necesidad de reducir la huella ambiental y un entorno marcado por la volatilidad de los precios de la energía. A todo ello se suma una prioridad cada vez más clara para las empresas logísticas: ganar independencia energética y reforzar su resiliencia operativa.
En este escenario, los almacenes ofrecen condiciones especialmente favorables para la implantación de soluciones basadas en energías limpias. Grandes superficies, consumo estable y una operativa intensiva convierten a los centros logísticos en espacios idóneos para integrar generación renovable directamente vinculada a la actividad diaria.
Sesé identificó este potencial hace años y ha avanzado de forma progresiva hacia un modelo de uso exclusivo de energía renovable en sus centros logísticos propios a nivel global. La compañía prevé alcanzar este objetivo en 2028 y, a cierre de 2025, ya ha logrado que el 90% de sus instalaciones operen con energía de origen renovable.
Entre las medidas más visibles se encuentra la instalación de placas solares en las cubiertas de los edificios logísticos. Estas superficies permiten generar energía 100% limpia que se consume directamente en las operaciones del centro, reduciendo la dependencia de la red eléctrica y amortiguando el impacto de las fluctuaciones del mercado energético.
No obstante, la transición energética en la logística no responde a una única fórmula. Cada centro presenta características distintas en función de su ubicación, su tipología de actividad y su intensidad operativa. En este sentido, Sesé analiza cada una de sus operativas para adoptar la solución que mejor se adapte a las particularidades de cada instalación, combinando generación renovable con medidas de optimización del consumo.
Esta estrategia se complementa con iniciativas orientadas a mejorar la eficiencia energética en el día a día, como la implantación de sensores de presencia, la renovación de maquinaria y vehículos por modelos de menor consumo y la reducción del uso de agua mediante sistemas inteligentes de control.
La tecnología desempeña un papel decisivo en este proceso. La digitalización de las operaciones permite optimizar recorridos internos, reducir trayectos innecesarios y ajustar la demanda energética a la actividad real del almacén. De este modo, la eficiencia deja de depender exclusivamente de la infraestructura para apoyarse también en una gestión más inteligente de los procesos.
El impacto de este modelo va más allá del ámbito medioambiental. El uso de energía renovable contribuye a reducir emisiones, pero también mejora la estabilidad frente a la volatilidad de los precios energéticos y optimiza los costes operativos, reforzando la competitividad y la resiliencia de las compañías logísticas.
La sostenibilidad en la logística ya no se plantea como un objetivo puntual, sino como un proceso continuo de transformación. Los almacenes evolucionan hacia nodos inteligentes capaces de generar su propia energía y optimizar recursos. En este nuevo escenario, la eficiencia energética se consolida no solo como una responsabilidad ambiental, sino como una ventaja estratégica para el sector.
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