Los vehículos conectados a la plataforma de Geotab consumieron más de 1,58 millones de litros de combustible mientras permanecían inmóviles en el tráfico de siete grandes capitales europeas durante 2025, un desperdicio que supuso un coste estimado de 2,6 millones de euros para las flotas analizadas. La cifra, calculada con el precio medio del diésel de 2025, se queda corta frente a la realidad actual, porque el combustible ha superado los 2 euros por litro durante el primer semestre de 2026 debido a la inestabilidad geopolítica en Oriente Medio, un incremento cercano al 30% que elevaría ese mismo desperdicio hasta unos 3,6 millones de euros.

El dato que da la vuelta a la intuición habitual sobre el tráfico urbano es que la ciudad más congestionada no es necesariamente la que más combustible desperdicia, porque lo que determina el consumo no es tanto la intensidad del tráfico como su forma de circular. Madrid ocupa la última posición del Índice de Eficiencia de Transporte Urbano de Mercancías de Geotab, con apenas 25 puntos sobre 100, y sin embargo su desperdicio de combustible en ralentí para camiones se queda en un 2,8%, igualando a Roma como el mejor resultado de todo el estudio. La explicación está en el propio patrón de circulación de la capital, un tráfico que avanza lento mucho tiempo, pero que rara vez se detiene por completo, frente a otras ciudades donde el problema no es la lentitud sino las paradas y arranques constantes.
Berlín, que lidera el índice con 61 puntos gracias a una red viaria policéntrica que distribuye mejor el tráfico, presenta sin embargo un desperdicio de combustible en ralentí del 8,5% para vehículos pesados, muy por encima del resultado madrileño pese a su mejor puntuación general de congestión. París, por su parte, ofrece el contraste más llamativo del estudio, con tiempos de viaje relativamente previsibles pero con los vehículos comerciales desperdiciando casi uno de cada cinco litros de combustible mientras permanecen detenidos, el peor resultado de todo el análisis en este indicador, atribuido a las paradas y arranques frecuentes del Périphérique y los distritos interiores.

La comparación entre turismos y vehículos pesados aporta además un matiz relevante para el sector logístico, porque en la mayoría de las ciudades analizadas las flotas profesionales gestionan el ralentí mejor que el tráfico general, lo que Geotab atribuye a una planificación de rutas más sofisticada por parte de los operadores logísticos frente al conductor particular. El caso madrileño, sin embargo, tiene una lectura menos favorable en ese sentido, porque la congestión en la capital apenas desaparece a lo largo del día, lo que limita seriamente la capacidad de las flotas para planificar sus repartos fuera de las horas punta, algo que sí resulta posible en ciudades con picos de tráfico más definidos.
Iván Lequerica, vicepresidente de EMEA de Geotab, ha señalado que la congestión se ha medido tradicionalmente en términos de tiempo perdido, pero que este análisis pone sobre la mesa una dimensión distinta, el coste económico y medioambiental que permanece oculto detrás de esa congestión. Para los operadores logísticos que reparten en entornos urbanos, la conclusión práctica del estudio es que reducir la congestión no siempre implica reducir el consumo, y que la información precisa sobre dónde y cuándo se produce el ralentí puede resultar tan valiosa para el coste operativo como la propia planificación de rutas.
Carlos Zubialde





