El paso fronterizo de Irún/Biriatou vive desde comienzos de semana una situación especialmente compleja a raíz de las movilizaciones de agricultores del sur de Francia, que han provocado cortes intermitentes y, en algunos momentos, el cierre total del tráfico. Tras los primeros bloqueos registrados el lunes por la tarde, este martes se han vuelto a producir restricciones que están afectando de forma directa a la circulación, especialmente de vehículos pesados.
Desde primeras horas del día se han formado largas colas, una situación habitual los martes por la elevada llegada de transporte internacional rumbo al resto de Europa. Aunque en algunos momentos se ha permitido el paso, con el paso de unos 100 camiones por hora, los cierres parciales se han ido repitiendo a lo largo de la jornada, lo que ha generado una notable inestabilidad en el tráfico.
Las mayores retenciones se concentran en el carril lento, reservado habitualmente a los camiones, donde se han llegado a acumular más de diez kilómetros de atasco al mediodía del martes 16 de diciembre. El carril izquierdo permanece abierto para turismos, aunque se recomienda extremar la precaución y, en la medida de lo posible, evitar este eje viario. A los vehículos pesados se les está pidiendo directamente que no se acerquen a la zona.
La historia que se repite varias veces al año
El bloqueo en la frontera vasca, una vez más, está teniendo consecuencias muy graves para el transporte por carretera y para la actividad económica. Se trata de uno de los principales corredores de entrada y salida de mercancías entre la península y el resto de Europa, por el que circulan cada día decenas de miles de camiones. Es una vía de alta densidad que utilizan entre 9.000 y 11.000 camiones de forma diaria para atravesar la frontera, que en época de verano, puede llegar a soportar un tránsito de 60.000 vehículos diarios, de los cuales entre 12.000 y 15.000 son camiones.
A una vía escasa, y unas infraestructuras escasas, sobre todo por la parte francesa (la lentitud de las cabinas de cobro es quebradero de cabeza constante), se le suma la presión que ejercen desde el lado francés sobre la frontera. Todas las movilizaciones tiene siempre como objetivo los carriles de salida de España y entrada en Francia, y nunca en la dirección inversa, lo que no detiene el flujo económico de francés y sí el del otro lado de la frontera.
Al final, en este escenario se suman además las restricciones impuestas a la circulación de camiones de gran tonelaje por las carreteras del País Vasco, lo que está obligando a desviar o detener vehículos antes de llegar a la frontera, ea en los peajes de la provincia de Bizkaia para quien utiliza la autopista, o en Araba para quienes acceden desde la meseta.
Ante esta situación, el sector del transporte y de la carga reclama una actuación urgente para restablecer la normalidad en las conexiones internacionales, garantizar la libre circulación de mercancías y proteger tanto a las empresas como a los profesionales del volante. También se solicita la implicación de las instituciones europeas para evitar que este tipo de bloqueos se repitan y asegurar el cumplimiento de la normativa comunitaria sobre el tránsito transfronterizo, pero esto, como en todas y cada una de las ocasiones que suceden, suelen caer en saco roto. Y es que el colapso de la frontera de Irún sucede como mínimo en 10 ocasiones al año, aunque algunos lo estén descubriendo ahora.
Carlos Zubialde
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