Más de la mitad de los transportistas españoles asegura haber sido víctima de al menos un robo en los últimos cinco años. El dato, recogido en un informe de Fenadismer elaborado a partir de las asociaciones territoriales del sector que será remitido al Ministerio del Interior, no es una estimación ni una percepción subjetiva: es la fotografía de un problema estructural que afecta tanto a la seguridad de los conductores como a la cuenta de resultados de las empresas de transporte, y que, lejos de remitir, muestra señales de mayor sofisticación por parte de los grupos criminales implicados.

La distribución geográfica de los incidentes concentra el problema en tres comunidades autónomas —Cataluña, Madrid y Andalucía—, que acumulan cerca del 90% de los robos denunciados. Por corredores, la AP-7, el eje mediterráneo, registra el 44% de todos los asaltos detectados, seguida por la conexión noreste AP-2/A-2, con el 15%, y la A-4 hacia el sur, con el 14%. El resto de la incidencia se distribuye entre la A-3, la A-92, la A-6, la A-1, la A-30 y la A-9, corredores que en conjunto suman el 26% restante.

Lo que más preocupa al sector no es solo la cifra agregada, sino la tendencia que revela el informe en cuanto al horario de los robos, ya que el 93% de los asaltos se produce durante el descanso nocturno, frente al 72% que reflejaban estudios anteriores. La diferencia apunta a una especialización creciente: las bandas operan de forma deliberada sobre los periodos de obligatorio cumplimiento para los conductores, cuando el vehículo está parado y el conductor está descansando dentro o fuera de la cabina. Atacar en ese momento no es improvisación, es método.

La modalidad más frecuente sigue siendo el corte de lona, presente en el 41% de los incidentes, seguida del robo de combustible y el robo de mercancía, ambos con un 37% de los casos. Los productos más afectados son el gasóleo, los equipos informáticos y electrónicos, la ropa de marca, los envíos de paquetería, los medicamentos y los metales, una selección que refleja criterios de valor, liquidez y facilidad de reventa. En el 4% de los incidentes se produjeron agresiones físicas a los conductores, y en otro 4% las organizaciones criminales sustrajeron el vehículo junto con la carga.

El marco en el que se producen la mayoría de los robos tampoco deja lugar a dudas: el 60% ocurre en áreas de descanso y polígonos industriales sin vigilancia o sin certificación de seguridad. La falta de aparcamientos seguros homologados en los principales corredores es un problema conocido y reiteradamente denunciado por el sector, que reclama acelerar la implantación en España del sistema europeo de clasificación de estacionamientos seguros para vehículos pesados, un marco que la Comisión Europea lleva tiempo impulsando sin que su adopción práctica haya avanzado al ritmo necesario.

Uno de los indicadores más reveladores del informe es precisamente el que habla de lo que no ocurre: solo el 29% de los transportistas que sufre un robo presenta denuncia formal. La razón principal es la percepción de escasa eficacia en la recuperación de la mercancía o en la identificación de los responsables, lo que crea un círculo difícil de romper: sin denuncias no hay estadística oficial, sin estadística oficial no hay presión para reforzar medios, y sin medios, la situación no mejora. El informe, al recoger la información directamente a través del tejido asociativo, intenta precisamente romper esa dinámica y ofrecer al Ministerio del Interior una base de datos sólida sobre la que construir una respuesta coordinada.

Carlos Zubialde

contacto@informacionlogistica.com