El lanzamiento de Amazon Supply Chain Services el pasado 4 de mayo ha abierto un debate que va más allá de la propia oferta comercial, el de hasta qué punto conviene a un cargador delegar su cadena de suministro completa en la misma compañía con la que, en muchos casos, compite directamente en el negocio minorista. El servicio, que replica para la logística física el modelo que Amazon Web Services aplicó a la computación en la nube, permite a cualquier empresa contratar flete marítimo, aéreo, terrestre y ferroviario, almacenamiento y entrega de paquetes, sin necesidad de vender en el marketplace de Amazon.

La escala de la infraestructura que respalda esta oferta explica por qué firmas como Procter & Gamble, 3M, Lands' End y American Eagle Outfitters ya se han inscrito como primeros clientes, ninguna de ellas depende comercialmente de Amazon para vender, pero todas han decidido usar su red para flujos internos de fábrica a distribución. Amazon dispone de más de 80.000 remolques, más de 24.000 contenedores intermodales y más de 100 aviones de carga propios, una capacidad acumulada durante casi tres décadas de operación interna que ningún operador logístico tradicional puede igualar en el mismo plazo de despliegue.

Ese mismo argumento de eficiencia es el que ha empezado a generar cautela entre parte del sector, porque delegar la logística en Amazon implica compartir con la compañía información muy sensible sobre volúmenes de venta, rotación de producto y comportamiento de la demanda, datos que en manos de cualquier otro proveedor logístico no tendrían el mismo valor estratégico que tienen para una empresa que también compite en retail, marca propia y marketplace. La preocupación no es nueva en el debate sobre plataformas digitales, pero adquiere una dimensión distinta cuando se traslada del ecommerce a la cadena de suministro física, donde el proveedor logístico conoce con precisión qué se fabrica, cuánto se vende y con qué margen.

Amazon, por su parte, ha insistido en que la validación del modelo ya existe, apoyándose en que cientos de miles de vendedores del marketplace llevan años utilizando su infraestructura logística para canales externos sin incidentes reportados en materia de uso indebido de datos. Peter Larsen, vicepresidente de Amazon Supply Chain Services, ha defendido que el objetivo es trasladar a otras empresas la misma infraestructura, inteligencia y escala que Amazon ha perfeccionado durante décadas para su propio negocio, en un paralelismo explícito con lo que AWS supuso para el sector cloud hace veinte años.

Para los operadores logísticos tradicionales, FedEx, UPS y DHL entre los más expuestos, la entrada de Amazon en este terreno no es una amenaza más dentro del ciclo habitual del sector, es la irrupción de un competidor con recursos prácticamente ilimitados que convierte en oferta comercial una infraestructura que construyó originalmente para uso propio. El servicio, por ahora, opera solo en Estados Unidos, aunque la propia compañía no oculta su intención de expandirlo a otros mercados, entre ellos Europa, lo que obligará a cargadores y operadores del continente a posicionarse antes de que la oferta llegue formalmente al territorio.

La pregunta que queda planteada para cualquier empresa que valore este tipo de acuerdo no es tanto si Amazon ofrece o no el servicio más eficiente del mercado, sino si esa eficiencia compensa el nivel de dependencia y de visibilidad operativa que exige entregarle, en el proceso, información que hasta ahora solo manejaba el propio fabricante o vendedor.

Carlos Zubialde

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