La final del campeonato de fútbol y la posterior celebración de la Selección alteraron durante 48 horas los patrones de movilidad de Madrid, aunque de una forma bastante distinta a la que cabría esperar de un gran evento multitudinario. Según un análisis de Geotab, elaborado a partir de los datos de sus vehículos conectados, la ciudad no colapsó como suele anticiparse en este tipo de citas, sino que absorbió buena parte del impacto gracias a un cambio significativo en los desplazamientos habituales.

Durante el partido, disputado el domingo 19 de julio, el volumen total de desplazamientos cayó un 5,8% respecto al domingo anterior, y la velocidad media de circulación bajó un 6%, hasta los 44,3 kilómetros por hora. La cifra más reveladora llega, sin embargo, al aislar las horas del propio encuentro, entre las 21:00 y las 23:00, cuando los desplazamientos se redujeron entre un 32% y un 35%, mientras la velocidad media aumentó un 14%, reflejando calles mucho más despejadas fuera de las zonas donde se concentraron los aficionados.

El comportamiento del lunes 20 de julio, con la caravana de la Selección recorriendo el centro de la ciudad, resulta igual de contraintuitivo. Pese a los cortes de tráfico en varios ejes principales, la velocidad media de circulación en el conjunto de Madrid fue entre un 3% y un 9% superior a la de un lunes normal durante las horas centrales del recorrido, entre las 12:00 y las 18:00. Iván Lequerica, vicepresidente para EMEA de Geotab, explica que cuando cambian los patrones habituales de desplazamiento, la ciudad puede absorber mejor buena parte de la demanda, aunque determinadas zonas soporten una presión muy elevada.

Ese contraste entre la fluidez general y la tensión localizada queda muy claro al analizar los corredores directamente afectados por el recorrido oficial. El área de Jerónimos, entorno de Paseo del Prado y Plaza de Cibeles, fue la más castigada de todo el análisis, con una velocidad media un 20% inferior a la de referencia y un 19,5% menos de desplazamientos, reflejo directo de los cortes y de la concentración de público. En Goya, principal acceso oriental al recorrido, la velocidad cayó un 10,8% pese a que el volumen de desplazamientos aumentó un 6,5%, señal de que muchos conductores siguieron utilizando ese corredor pese a las restricciones. Cuatro Caminos, en cambio, registró el patrón opuesto, con velocidades un 3,9% superiores y un descenso del 10,1% en los desplazamientos, en línea con la caída generalizada del tráfico en el resto de la ciudad.

El efecto comenzó a revertirse a partir de las 19:00, cuando la dispersión de los asistentes provocó una reducción de velocidad de entre el 3,5% y el 6,2% respecto al lunes de referencia, y se agravó de madrugada, con los peores niveles de circulación de todo el análisis registrados entre las 00:00 y las 03:00, cuando la velocidad media a la una de la madrugada cayó un 22,6% frente al lunes habitual.

Esa congestión concentrada tuvo además un coste energético medible entre los vehículos de combustión interna conectados, con un consumo medio que subió hasta los 5,22 litros cada 100 kilómetros, un 59% más que en un lunes normal, y unas emisiones agregadas de CO2 que crecieron un 49%, hasta las 18,86 toneladas. Para operadores de flota y servicios de reparto urbano, el episodio confirma un patrón que ya se observa en otros grandes eventos, la congestión no desaparece durante una celebración masiva, simplemente se desplaza y se concentra en unos pocos corredores muy específicos, mientras el resto de la ciudad puede llegar a circular con más fluidez de la habitual.

Carlos Zubialde

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