La integración de Schenker dentro de DSV avanza a grandes rasgos según lo previsto, según la propia compañía danesa, pero cada vez resulta más evidente la magnitud del reto operativo que supone. En particular dentro de la división europea de transporte por carretera, fusionar a marchas forzadas dos redes logísticas gigantescas se está revelando una tarea de enorme complejidad, con DSV enfrentando en varios países europeos menor productividad, problemas de red y un crecimiento de volumen decepcionante. Dos cuestiones estructurales explican buena parte de este problema, la necesidad de fusionar cientos de terminales, y la de sustituir más de veinte plataformas informáticas distintas por un único sistema.

DSV completó la adquisición de Schenker a finales de abril de 2025, una operación que prácticamente duplicó el tamaño del grupo hasta los 150.000 empleados en más de 90 países. Se trata, con diferencia, de la mayor compra de la historia de DSV y, según su consejero delegado, Jens Lund, también la integración más compleja que la compañía ha acometido en sus cincuenta años de trayectoria. Ese grado de complejidad no ha impedido a DSV acelerar el ritmo de forma notable, porque aunque la integración se preveía inicialmente hasta finales de 2028, el grupo espera ahora tenerla mayoritariamente completada a finales de 2026, con más de sesenta países ya integrados o en proceso de integración.

El mayor quebradero de cabeza se concentra en el transporte por carretera, donde la integración no consiste solo en fusionar organizaciones y sistemas, como ocurre en carga aérea y marítima, sino también dos enormes redes físicas de distribución. Según la prensa especializada internacional, DSV pretende racionalizar la red combinada desde unas 400 terminales hasta aproximadamente 270, lo que implica cerrar o fusionar instalaciones, redistribuir volúmenes y rediseñar rutas, todo ello mientras los clientes siguen recibiendo sus envíos con normalidad cada día. Cerrar una terminal puede parecer sencillo sobre el papel, pero reubicar miles de envíos de palet y grupaje hacia otras localizaciones y rutas sin generar disrupción es cualquier cosa menos trivial.

A esa complejidad física se suma un proyecto de integración digital de escala equivalente, porque con la adquisición de Schenker, DSV heredó un elevado número de sistemas adicionales de producción, gestión de transporte y back-office. Solo en transporte por carretera, más de veinte plataformas distintas deben consolidarse en un único sistema de gestión de transporte moderno, una escala de consolidación tecnológica que la propia compañía confirma en su informe anual, con el objetivo último de contar con un único sistema escalable por área de negocio que permita estandarizar y automatizar procesos, y facilite el acceso a datos para aplicaciones como la inteligencia artificial.

Es precisamente la combinación de migración física y digital lo que hace especialmente vulnerable esta integración, porque un cambio simultáneo en una terminal, un flujo de transporte y un sistema informático puede tener consecuencias inmediatas para planificadores, conductores, transportistas subcontratados y clientes. Esos efectos ya se han hecho visibles, con DSV reconociendo en su segundo trimestre que determinados países europeos seguían experimentando menor productividad y problemas de red derivados de la integración, lo que ha lastrado el rendimiento comercial y provocado un crecimiento de volumen inferior al esperado. El grupo ha respondido con cambios en la dirección y con medidas de recuperación específicas para mejorar productividad y rendimiento comercial dentro de la división de transporte por carretera.

A esta ecuación se suma además la dimensión humana del proceso, con más de 7.000 puestos de oficina ya eliminados desde el inicio de la integración hasta finales de marzo. La eliminación de funciones directivas, administrativas y de back-office solapadas constituye una pieza clave de las sinergias previstas, pero al mismo tiempo obliga a DSV a evitar la pérdida de conocimiento operativo crítico, porque el personal local es quien conoce a clientes, transportistas, terminales y las particularidades específicas de cada red regional de transporte. Desde el punto de vista financiero, la compañía se mantiene optimista, con sinergias anuales previstas de unos 9.000 millones de coronas danesas, en torno a 1.200 millones de euros, cuyo impacto financiero completo se espera a partir de 2027, frente a unos costes totales de transacción e integración estimados en torno a 11.000 millones de coronas.

Todo ello convierte a Schenker en un test decisivo para el modelo de integración que ha hecho célebre a DSV, una compañía que ha construido buena parte de su crecimiento durante las últimas décadas sobre la adquisición e integración rápida de operadores logísticos. Pero Schenker juega en una liga aparte. Reducir el número de terminales de 400 a 270, migrar más de veinte plataformas informáticas a un único sistema y recortar miles de puestos de oficina mientras se garantiza que millones de envíos sigan moviéndose sin interrupción se asemeja a una operación a corazón abierto mientras el paciente corre una maratón. Los próximos meses dirán si la velocidad sin precedentes con la que DSV está ejecutando esta megaintegración termina siendo su mayor fortaleza, o, por el contrario, su mayor riesgo.

Carlos Zubialde

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