La Confederación Española de Transporte de Mercancías ha rechazado que la cláusula de revisión del precio del transporte en función del combustible sea compleja o desestabilice las relaciones comerciales, tal y como sostienen algunas organizaciones de cargadores que han pedido modificarla en su tramitación parlamentaria. Para la patronal del transporte, la cláusula hace exactamente lo contrario a lo que se le atribuye, establece un mecanismo objetivo, automático y conocido de antemano por ambas partes, lo que aporta seguridad y evita tener que renegociar las tarifas cada vez que varía el precio del combustible.

CETM defiende que la obligatoriedad de esta cláusula ha permitido corregir, al menos en parte, la posición de dominio que tradicionalmente han ejercido los cargadores en la negociación de precios, garantizando que las empresas de transporte puedan repercutir una variación de costes que no está en su mano controlar y que durante años han tenido que asumir prácticamente en solitario. Para la organización, cuestionar ahora el carácter obligatorio y sancionable del mecanismo equivale a volver a trasladar al transportista un riesgo que la norma decidió repartir de forma más equilibrada entre los distintos integrantes de la cadena logística.

La patronal admite que resulta legítimo intentar mejorar técnicamente la fórmula de cálculo cuando sea necesario, pero rechaza convertir una obligación legal en una cuestión sujeta a la capacidad de negociación de cada empresa, advirtiendo de que una obligación sin mecanismos efectivos para exigir su cumplimiento acabaría convertida en una simple recomendación, dejando de proteger a quien, según defiende CETM, ha tenido durante demasiado tiempo la posición más débil en la negociación, el propio transportista.

La confederación insiste en que la cláusula no genera inestabilidad, sino que establece reglas claras, y que no añade negociación, sino que la evita por completo al fijar un criterio objetivo aplicable a todas las partes por igual. CETM concluye su posicionamiento apuntando que evitar un mecanismo que permite trasladar de forma objetiva las variaciones de costes no parece la mejor forma de proteger la viabilidad de un sector del que depende el funcionamiento de toda la economía, y sugiere que lo que verdaderamente incomoda a quienes cuestionan la cláusula no es su complejidad técnica, sino que, por primera vez, las reglas sean las mismas para todos los actores de la cadena logística.

Carlos Zubialde

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