Amazon ha presentado sus resultados en un contexto de fuerte presión sobre las grandes tecnológicas, marcado por las dudas crecientes en torno al retorno de las inversiones en inteligencia artificial. La compañía ha confirmado un incremento significativo de su gasto de capital, hasta los 200.000 millones de dólares previstos para el próximo ejercicio, una cifra muy superior a la esperada por el mercado y claramente por encima de los 125.000 millones invertidos en 2025.

El dato ha sido el verdadero detonante de la reacción bursátil. Aunque la división de servicios en la nube, AWS, mantiene un crecimiento sólido con ingresos de 35.580 millones de dólares, un 24% más que el año anterior y ligeramente por encima de las previsiones, el volumen de inversión anunciado ha eclipsado cualquier lectura positiva. Los analistas esperaban un desembolso cercano a los 146.000 millones, lo que sitúa el nuevo plan en un nivel difícil de absorber desde el punto de vista financiero.

En términos agregados, la compañía ha alcanzado unos ingresos trimestrales de 213.300 millones de dólares, por encima de las estimaciones. Sin embargo, el beneficio neto se ha situado en 24.980 millones, con un beneficio por acción de 1,95 dólares, ligeramente por debajo de lo que descontaba el mercado. La diferencia es mínima en términos absolutos, pero suficiente para alimentar la percepción de que el ritmo de mejora de resultados empieza a moderarse.

A ello se suma una previsión de beneficio operativo para el próximo trimestre de 19.000 millones de dólares, frente a los más de 22.000 millones que anticipaban los analistas. La combinación de mayores inversiones y expectativas de rentabilidad más contenidas ha provocado descensos relevantes en la cotización fuera de mercado.

La dirección de la compañía defiende que la fuerte inversión responde a la elevada demanda en áreas estratégicas como inteligencia artificial, desarrollo de chips propios, automatización y satélites de órbita baja. El argumento es claro: consolidar infraestructuras que permitan sostener el crecimiento a largo plazo. Sin embargo, el mercado cuestiona si el retorno de estas inversiones será proporcional al volumen de capital comprometido.

El debate de fondo es más amplio que un trimestre concreto. La duda que empieza a trasladarse a los inversores es si Amazon mantiene el perfil de compañía tecnológica con crecimiento acelerado y márgenes expansivos, o si su estructura de negocio la aproxima cada vez más a una combinación de gran distribuidor minorista y proveedor de servicios tecnológicos con retornos más moderados. La comparación con otros gigantes que también están intensificando el gasto en inteligencia artificial refuerza esa incertidumbre.

Si las caídas se consolidan en la apertura de Wall Street, la compañía podría perder buena parte del avance bursátil acumulado en el último año, en un entorno donde el capital exige cada vez más visibilidad sobre el retorno de cada dólar invertido. La inteligencia artificial se ha convertido en el eje estratégico del sector tecnológico, pero también en el principal foco de riesgo cuando las expectativas de rentabilidad no acompañan al volumen de inversión anunciado

Carlos Zubialde

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