De forma más o menos periódica sale a la palestra la opción del reparto de envíos con drones, pese a que el paso de los años demuestra por el momento su corto recorrido. Pese a ello, Amazon ha anunciado que su servicio de entregas por dron, Prime Air, pasará de operar en 11 emplazamientos repartidos por diez áreas metropolitanas de Arizona, Florida, Kansas, Luisiana, Michigan, Nebraska y Texas a llegar a casi 500 ciudades y pueblos de Estados Unidos antes de que termine 2026. La compañía suma ya Georgia, Ohio, Illinois, Idaho y Nueva York a la lista de próximos estrenos, una expansión que multiplica por seis su tamaño actual en apenas unos meses y que solo tiene sentido si el servicio ha dejado de ser un experimento vistoso para empezar a mover volumen real.

Según los propios datos de Amazon, el dron entrega en un mínimo de 30 minutos desde el pago y en unos 60 minutos de media, con un radio de cobertura de alrededor de 175 millas cuadradas por cada centro logístico y un límite de peso de 2,2 kilogramos, suficiente para cubrir más del 60% de lo que compran habitualmente sus clientes. La compañía asegura haber completado ya cientos de miles de entregas con dron a lo largo de 2026, con algunos centros logísticos moviendo miles de paquetes al día, un volumen que empieza a acercar este servicio a la operativa de un canal de reparto convencional más que a una prueba piloto.

El contraste con España resulta especialmente llamativo. La Agencia Estatal de Seguridad Aérea acaba de conceder la primera autorización real para operar drones de carga en zonas pobladas más allá del alcance visual del piloto, un permiso otorgado a la empresa CATUAV para el dron de ala fija Eiger 3, del fabricante suizo RigiTech, bajo el nivel de riesgo SAIL III que define la normativa europea. Lo más revelador no es tanto el permiso en sí como la propia autocrítica del regulador, que ha reconocido que este paso llega con años de retraso respecto a otros países más avanzados, y que España ha tardado quince años en llegar hasta este punto.

La diferencia de ritmo con otros mercados es notable, con Reino Unido operando Wing y Zipline en zonas residenciales desde 2022, y con Ruanda y Ghana utilizando drones para repartir suministros médicos en zonas de difícil acceso desde hace casi una década. La Unión Europea dispone de un marco común, el llamado U-Space, pero su desarrollo se ha ido arrastrando entre administraciones nacionales que avanzan a velocidades muy distintas, un problema que trasciende a España y que explica en parte por qué el continente sigue por detrás de Estados Unidos en la implantación comercial de este tipo de reparto.

España presenta además condiciones geográficas objetivamente más complicadas para el vuelo de drones de carga que la Norteamérica de baja densidad donde Amazon ha crecido, con una densidad urbana y una orografía que exigen mayor prudencia regulatoria. Pero entre esa cautela razonable y los quince años de retraso reconocidos por el propio regulador existe un margen considerable, y ahí queda planteada la pregunta que el sector logístico español empieza a hacerse con más insistencia, cuánto tiempo tardará en verse en una ciudad española algo parecido a lo que Amazon ya está desplegando a gran escala en Estados Unidos.

Carlos Zubialde

contacto@informacionlogistica.com