A partir del 17 de abril, los vendedores que utilizan el servicio FBA de Amazon en España pagarán un 1,5% más en sus tarifas de gestión logística. La compañía lo ha denominado "recargo por combustible y gastos de logística" y lo ha comunicado a través de su Seller Central sin indicar fecha de finalización. La medida se extenderá también, desde el 2 de mayo, al servicio de Logística Multicanal, que permite a los vendedores usar la red de distribución de Amazon para gestionar pedidos de sus propios canales externos.

La cifra, en términos absolutos, no parece alarmante, pero tiene una carga de profundidad muy importante. La propia Amazon estima que el recargo equivaldrá a una media de 0,05 euros por unidad, aunque aclarando que variará según el tamaño y las dimensiones del producto. Sin embargo, leer este movimiento únicamente por su impacto inmediato en el coste unitario es quedarse en la superficie.

Lo relevante no es el 1,5%. Lo relevante es quién lo aplica y en qué momento.

Amazon ha construido durante años una reputación de eficiencia logística que le ha permitido mantener precios competitivos donde otros operadores no podían. Su red de centros de fulfillment, su capacidad de negociación con transportistas y su escala global han sido el argumento con el que ha presionado a la baja los costes del sector. Que ahora la propia Amazon traslade al vendedor una subida vinculada al encarecimiento del combustible y los costes operativos es una señal que el mercado no va a ignorar.

En Estados Unidos y Canadá, la misma compañía ha anunciado un recargo del 3,5%, más del doble que en Europa, justificándolo con una argumentación que merece leerse con atención: hasta ahora han absorbido los costes adicionales, pero cuando estos se mantienen elevados durante tiempo suficiente, la repercusión al cliente se convierte en inevitable. Es exactamente el mismo razonamiento que llevan meses usando los operadores logísticos europeos, los transportistas por carretera y las navieras, con menos eco mediático del que genera cuando lo anuncia Amazon.

Para los vendedores que operan en marketplaces y para las pymes con comercio electrónico, el impacto tiene dos dimensiones. La primera es directa: quien usa FBA o la logística multicanal de Amazon verá encarecida su operativa a partir de mediados de abril, sin una fecha clara de reversión. La segunda es indirecta y más difícil de cuantificar: cuando el operador logístico de referencia mundial establece un recargo por combustible y lo comunica sin ambigüedades, otros operadores tienen el camino despejado para hacer lo mismo. La legitimidad de la subida se contagia. Si Amazon sube el precio, yo también lo subo.

Este mecanismo de acto reflejo ya se vio en el transporte marítimo durante la pandemia y en el terrestre tras la invasión de Ucrania. Los grandes actores marcan el umbral de lo aceptable, y el mercado se ajusta alrededor de él. Que Amazon haya movido ficha ahora, con los combustibles al alza y la incertidumbre geopolítica sin resolverse, es un termómetro bastante preciso de lo que viene para el conjunto de la cadena logística.

Para quien vende online y ha construido su modelo de costes sobre unas tarifas de fulfillment estables, este es un buen momento para revisar los números.

Carlos Zubialde

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