La Comisión Europea publicó el 26 de marzo los resultados de una inspección coordinada con las autoridades de consumo de 23 países de la UE, más Islandia y Noruega, sobre las prácticas de descuento en las campañas de Black Friday y Cyber Monday. El barrido analizó 314 comercios online que operan en toda Europa y concluyó que el 30% de ellos mencionaba descuentos de manera incorrecta durante esas ventas. No hablamos de algo que sea irrelevante, uno de cada tres operadores incumplía las normas en el momento de mayor volumen de compra del año.
La legislación europea es clara en este punto: cuando una tienda anuncia una rebaja, el precio de referencia debe ser el más bajo aplicado en los treinta días anteriores. El 34% de los operadores mostró comparaciones de precios y seis de cada diez de ellos no explicaban claramente cuál era la referencia utilizada para calcular el descuento. Dicho de otro modo, el porcentaje de ahorro que aparece en pantalla no siempre refleja lo que el consumidor realmente se está ahorrando, porque el precio de partida puede haber sido inflado artificialmente en los días previos.
Las prácticas detectadas van más allá del precio. El 36% de los operadores intentó añadir artículos adicionales a las cestas de compra, y de ellos, cuatro de cada diez lo hicieron sin solicitar claramente el consentimiento del comprador. A esto se suman las técnicas de presión: el 18% utilizó mensajes de urgencia como "quedan pocas unidades" o temporizadores de cuenta atrás, y la Red CPC identificó que más de la mitad de esos casos eran engañosos. Y un 10% recurrió al llamado drip pricing, esa práctica de ir sumando gastos de envío o tasas de servicio al final del proceso, cuando el usuario ya tiene la compra prácticamente hecha.
En España, el Ministerio de Consumo ya había sancionado con 350.000 euros y la prohibición de reiterar estas prácticas a siete grandes operadores de comercio online por rebajas engañosas en ediciones anteriores del Black Friday, sanciones avaladas posteriormente por el Tribunal Superior de Justicia de Madrid. La investigación no parte, por tanto, de cero, sino de un patrón que se repite campaña tras campaña con independencia de las consecuencias.
Para el sector logístico y para quienes venden online de forma honesta, este informe tiene una lectura incómoda pero necesaria. Cuando un tercio del mercado manipula los precios de referencia para aparentar descuentos que no existen, el daño no recae solo en el consumidor que paga de más, recae también en la percepción general del ecommerce como canal. La desconfianza no es selectiva, el comprador que se siente engañado en una plataforma no siempre distingue entre operadores, y esa erosión de confianza la absorbe todo el sector, incluidos los que cumplen la normativa y trabajan con márgenes reales.
La pregunta que queda abierta es si las sanciones previstas son suficientes para cambiar el comportamiento de quienes han convertido estas prácticas en una estrategia sistemática de campaña. Porque si el coste de incumplir sigue siendo menor que el beneficio de hacerlo, el barrido del año que viene probablemente arrojará datos similares.
Carlos Zubialde






