Sesé ha iniciado junto a Scania, en el marco del consorcio europeo ZEFES, la primera prueba de un duotráiler eléctrico en España, un movimiento que trasciende el componente tecnológico para situar el foco en la operativa real del transporte pesado. El proyecto, financiado por la Comisión Europea, arranca con una ruta diaria de 90 kilómetros entre Martorell y Maçanet, que el vehículo recorrerá dos veces al día en condiciones de explotación habituales.
La relevancia no está únicamente en la propulsión eléctrica, sino en la combinación de electrificación y aumento de capacidad. El duotráiler permite transportar un mayor volumen de carga en cada viaje, reduciendo el número de trayectos necesarios para mover la misma mercancía. En teoría, esto implica menos kilómetros totales, menor consumo energético por unidad transportada y una disminución proporcional de emisiones. La cuestión es si ese planteamiento se sostiene cuando se incorporan variables como tiempos de carga, disponibilidad de infraestructura y restricciones normativas.
Durante esta primera fase, el análisis no se limitará al rendimiento técnico del vehículo. El consorcio evaluará su eficiencia operativa, la estabilidad de la autonomía en condiciones reales y el encaje con las infraestructuras de recarga actuales. La electrificación en transporte pesado no depende únicamente del camión, sino de la red energética que lo respalda. La viabilidad económica del modelo exige que los tiempos de recarga, la potencia disponible y la planificación de rutas no penalicen la productividad.
En una segunda etapa, el proyecto contempla una ruta intermodal entre España y Alemania, utilizando el cargador MCS de Vilamalla, cerca de la frontera española. Este paso es especialmente significativo porque traslada la prueba a un entorno transfronterizo, donde entran en juego diferencias regulatorias, interoperabilidad de infraestructuras y coordinación logística internacional.

El consorcio ZEFES plantea el proyecto con una visión a largo plazo que incluye la normalización del uso del duotráiler en Europa. Aquí aparece uno de los principales condicionantes del modelo: la regulación. El uso de configuraciones de mayor longitud o capacidad no está armonizado en todos los países, lo que limita la escalabilidad inmediata de este tipo de soluciones. Sin una adaptación normativa coordinada, el potencial de eficiencia del duotráiler eléctrico puede quedar restringido a corredores concretos.
Desde el punto de vista empresarial, la prueba representa un laboratorio operativo. Si el duotráiler eléctrico demuestra que puede mantener niveles de servicio, reducir costes por tonelada transportada y operar sin interrupciones significativas, podría convertirse en una palanca relevante para la descarbonización del transporte pesado sin sacrificar competitividad. Sin embargo, si la infraestructura o la regulación no acompañan, el modelo corre el riesgo de quedar como una solución experimental de difícil generalización.
La electrificación del transporte pesado ya no es una cuestión teórica, sino un proceso en marcha que exige datos reales y decisiones estratégicas. Proyectos como este aportan información valiosa, pero también evidencian que la transición energética no depende únicamente de la tecnología disponible, sino de la capacidad del sector y de las administraciones para adaptar infraestructuras, normativa y modelos de explotación a una nueva realidad operativa.
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