Marzo ha cerrado con un incremento del 0,42% en la afiliación al sector logístico y de transporte respecto a febrero, sumando algo más de 1.151.000 trabajadores entre el régimen general y el de autónomos, según los datos del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones. Si se añade el régimen del mar, la cifra total asciende a 1.211.161 afiliados, un 0,6% más que el mes anterior. El número existe, el crecimiento también, pero la lectura honesta de ambos obliga a ir más despacio.
Porque un 0,42% de variación mensual en un sector que mueve la economía del país no es una señal de dinamismo, es la constatación de que el empleo logístico lleva meses sin encontrar tracción real. La tendencia a la desaceleración viene de finales de 2025, y este pequeño repunte no la rompe, simplemente la interrumpe. Tendremos que esperar a abril para saber si este dato responde a un cambio de tendencia o al simple tirón de la Semana Santa, que este año cayó a caballo entre los últimos días de marzo y los primeros de abril, distorsionando el cómputo mensual.
Ese dato hay que controlarlo, tiene una importancia elevada. El mercado de trabajo en logística se ha acostumbrado a leer marzo como un mes favorable, y este año no ha sido una excepción. Pero si el repunte se explica principalmente por el efecto calendario, el suelo estructural del sector sigue siendo el mismo.
Hay un detalle que no debería pasarse por alto: mientras el régimen general crece un 0,52% mensual y un 4% en términos interanuales, los autónomos no presentan variación porcentual respecto a febrero y acumulan una caída del 2,35% en el último año. Esto no es anecdótico. El autónomo en el transporte por carretera es con frecuencia el eslabón más expuesto a la volatilidad del mercado, el primero en salir cuando los márgenes aprietan y el que más tarde vuelve cuando las condiciones mejoran. Que su registro lleve doce meses en negativo dice algo sobre cómo está resistiendo la parte más vulnerable del sector.
Por ramas de actividad, el transporte terrestre ha registrado 697.233 afiliados, con un crecimiento mensual del 0,7% pero sostenido principalmente por el empleo asalariado. Las actividades postales y de correos son las únicas que han retrocedido en el mes, con una caída del 2,6%, reflejo de un segmento que lleva tiempo ajustando estructura ante la presión de márgenes y la competencia de nuevos operadores.
El dato de marzo, tomado de forma aislada, puede parecer una noticia neutra. Puesto en serie con los últimos meses, dibuja un sector que no está mal, pero que tampoco avanza con convicción. Un mercado laboral que crece por inercia y que, ante cualquier shock externo, tiene poco margen de reacción. Para las empresas del sector, la pregunta no es si el empleo sube o baja en décimas, sino si están construyendo plantillas capaces de aguantar lo que viene, que no es poco.
Carlos Zubialde






