JD.com ha puesto en marcha JoyExpress, su propia red de distribución de última milla en Reino Unido, Alemania, Francia y Países Bajos, como soporte al lanzamiento de Joybuy, su plataforma de comercio electrónico en Europa. El movimiento no es disruptivo en términos conceptuales, pero sí relevante por lo que implica en un mercado donde la presión sobre los operadores tradicionales es cada vez mayor.

La iniciativa se articula a través de JINGDONG Logistics, filial logística del grupo, y contempla entregas en el mismo día y al día siguiente en grandes ciudades, además de servicios específicos como la entrega e instalación de electrodomésticos. La red se apoya en más de 60 almacenes y depósitos y en una flota propia compuesta por camiones, furgonetas y bicicletas eléctricas, con previsión de ampliación progresiva a medida que Joybuy extienda su cobertura.

Desde el punto de vista operativo, JD.com integra almacenamiento, transporte, logística de gran volumen y cadena de frío bajo una misma estructura tecnológica. No se trata de una innovación radical, sino de la aplicación en Europa de un modelo que el propio grupo ya ha desarrollado en China y que otros gigantes del comercio electrónico han consolidado en distintos mercados.

El precedente más evidente es el de Amazon, que tras años de tensar costes y niveles de servicio con operadores privados y servicios postales públicos, optó por desplegar su propia red de distribución para asegurar capacidad, controlar la experiencia de cliente y reducir dependencia externa. En el entorno asiático, Alibaba Group siguió una estrategia similar a través de Cainiao, articulando una infraestructura logística propia para dar soporte a AliExpress y al resto de su ecosistema.

JD.com no está inventando nada, está replicando una lógica que responde a una secuencia conocida: primero se externaliza, después se optimiza al máximo el coste de los operadores y, finalmente, cuando el volumen y la complejidad lo justifican, se internaliza la parte crítica de la cadena. La última milla deja de ser un servicio comprado para convertirse en un activo estratégico.

Para los operadores europeos, el mensaje es claro. La entrada de redes propias vinculadas a plataformas implica que parte del crecimiento esperado del ecommerce puede no traducirse en mayor volumen para terceros. Además, cuando estas redes alcancen masa crítica, podrían ofrecer capacidad logística a vendedores externos, compitiendo directamente con transitarios y empresas de paquetería tradicionales.

Hay también una derivada financiera que el sector no debería ignorar. Si las grandes plataformas avanzan hacia modelos integrados donde controlan inventario, transporte y entrega, su capacidad de imponer condiciones comerciales aumenta. En ese contexto, la tensión sobre precios y plazos de pago puede intensificarse, algo especialmente sensible en un entorno donde todavía es habitual trabajar al límite legal de 60 días. El siguiente nivel de madurez del sector debería situar el objetivo en pagos a 30 días, no solo por cumplimiento normativo, sino por equilibrio financiero de la cadena.

La expansión de JoyExpress no es un simple lanzamiento operativo, es un paso más en la consolidación de modelos verticales que reducen intermediación y concentran poder en el origen del pedido. Para las empresas logísticas europeas, la cuestión no es si este modelo funcionará, sino cómo posicionarse ante clientes que pueden convertirse, con el tiempo, en competidores directos dentro de su propio terreno operativo.

Carlos Zubialde

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