Joinup ha superado los 40.000 puntos de recarga integrados en su red para empresas, una infraestructura pensada para que las compañías gestionen la recarga de sus vehículos eléctricos durante desplazamientos profesionales fuera de su sede habitual. Madrid encabeza la disponibilidad con 1.005 puntos, una cifra que cuadruplica los 250 de Sevilla, segunda en el ranking, seguida de Málaga con 225, Barcelona con 222 y Alicante con 174.

La red se extiende más allá de las dos grandes áreas metropolitanas del país, con Zaragoza sumando 162 puntos, Valencia 158, Donostia 136 y Las Palmas 120, mientras Albacete y Sabadell completan el grupo de ciudades con presencia destacada, con 102 y 97 puntos respectivamente. Esta distribución dibuja una cobertura organizada por ejes empresariales, en el arco mediterráneo Barcelona, Alicante, Zaragoza y Valencia superan los 150 puntos, reforzados por Sabadell, Tarragona, Girona y Mallorca. En el sur, Sevilla y Málaga se sitúan por delante de Barcelona, acompañadas de Las Palmas, Huelva, Tenerife y Córdoba, mientras el norte concentra su actividad en Donostia, A Coruña y Bilbao, y el centro peninsular se apoya en Madrid, Albacete y Toledo.

Esta cobertura geográfica resulta especialmente relevante para compañías cuyos vehículos no permanecen fijos en una única sede, porque reuniones, visitas comerciales, desplazamientos entre centros de trabajo y eventos corporativos multiplican los lugares donde un empleado puede necesitar recargar durante su jornada, una necesidad que una red concentrada en pocas ciudades no puede resolver de forma satisfactoria.

El problema de fondo que aborda esta expansión va más allá de la simple disponibilidad de puntos de recarga, porque electrificar una flota no garantiza por sí sola una reducción real de emisiones si el vehículo termina usándose como uno de combustión. Un análisis de la Comisión Europea sobre 320.000 vehículos matriculados en 2021 concluyó que los híbridos enchufables emitían de media 3,5 veces más de lo homologado, principalmente por su escaso uso en modo eléctrico, y un estudio posterior de 2026 sitúa ese uso eléctrico en solo el 45,5% de los kilómetros recorridos. Cuando localizar, activar o pagar una recarga resulta complicado, el conductor tiende a optar por el motor de combustión disponible, neutralizando en la práctica el propósito ambiental de la electrificación.

Elena Peyró, consejera delegada y cofundadora de Joinup, ha señalado que la electrificación de una flota solo funciona cuando el empleado puede recargar allí donde necesita desplazarse y la empresa puede controlar las operaciones sin multiplicar aplicaciones, facturas y procesos internos. Integrar distintos operadores de recarga y sus pagos en una única plataforma evita adelantos de dinero y justificantes dispersos, centralizando la gestión de la recarga junto al resto de desplazamientos corporativos, un aspecto que empieza a pesar tanto en la decisión de electrificar una flota como en la propia disponibilidad de infraestructura física de recarga.

Carlos Zubialde

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