La flota española de transporte de mercancías por carretera sumaba 538.343 vehículos a fecha de 1 de julio, un 4,37% más que hace un año, según los últimos datos del Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible. El crecimiento, sin embargo, esconde un problema de fondo que el propio Observatorio no deja de confirmar mes tras mes, el parque circulante suma unidades, pero no rejuvenece, sino todo lo contrario.
El dato más revelador está en el transporte privado, el que realizan empresas para su propia mercancía sin ofrecer el servicio a terceros, donde la edad media de los vehículos rígidos pesados alcanza ya los 18 años, tres décimas más que hace doce meses, mientras que los vehículos ligeros suben hasta los 17,7 años, cuatro décimas de incremento en solo un año. Dentro de este segmento, un 41,8% de la flota, 51.412 vehículos, supera ya los veinte años de antigüedad, y otro 19,9% se sitúa entre los quince y los veinte años. Es decir, más de seis de cada diez vehículos de transporte privado en España tienen más de quince años rodando.
El transporte público, el que prestan las empresas de transporte profesional, presenta cifras algo mejores pero con la misma tendencia de fondo. La edad media de los vehículos pesados rígidos se sitúa en 14,8 años, una décima más que en julio de 2025, y aunque las tractoras pesadas mejoran ligeramente hasta los 7,9 años, los vehículos ligeros se mantienen estancados en 9,8 años, sin apenas renovación respecto al año anterior. Dentro de este segmento, 52.543 vehículos, un 12,6% del total, ya superan los veinte años de antigüedad, una cifra que convive con el crecimiento del propio censo de empresas y vehículos que el sector viene registrando mes a mes.
Esta combinación, más vehículos en circulación pero con una edad media que no deja de subir, plantea un problema que va más allá de la estadística. Una flota envejecida implica mayores costes de mantenimiento, menor eficiencia en el consumo de combustible y más dificultades para cumplir con las exigencias medioambientales que empiezan a marcar las Zonas de Bajas Emisiones en cada vez más ciudades españolas. Para muchas pymes y autónomos del transporte privado, renovar un vehículo con quince o veinte años de antigüedad exige una inversión que compite con otras prioridades más urgentes, como el propio coste del combustible o los plazos de pago, lo que explica por qué el parque más envejecido sigue creciendo en lugar de reducirse.
El crecimiento del número total de vehículos, sostenido sobre todo por el aumento del transporte público ligero, un 7,57% más en un año, no está resolviendo este envejecimiento, sino conviviendo con él. Andalucía, Cataluña y Madrid siguen concentrando el grueso de la flota nacional, pero ninguna región escapa a la misma dinámica de fondo, un parque que crece en volumen mientras sigue acumulando años sobre el asfalto, con todo lo que eso implica en emisiones, seguridad y competitividad frente a flotas europeas que renuevan su material rodante a mayor ritmo.
Carlos Zubialde





