El XVI Barómetro del Círculo Logístico, publicado por el SIL y elaborado por el Consorcio de la Zona Franca de Barcelona, ofrece este año una fotografía que merece leerse con cuidado: el 72,5% de los directores y responsables de logística encuestados considera que la inteligencia artificial permitirá a sus equipos ser más productivos, sin que ello afecte a las plantillas. Es un dato que refleja un cambio de actitud respecto a años anteriores, cuando la IA en el sector se asociaba casi automáticamente a destrucción de empleo.
La confianza en la herramienta, sin embargo, no es lo mismo que su implantación real, la diferencia entre lo que se dice y se hace, todavía es tremenda.El 76,6% de los encuestados ya cuenta con alguna solución de IA en su empresa o está en proceso de implementarla, lo que deja todavía a más de uno de cada cinco sin haber dado ese paso. Y ahí empieza la pregunta que el barómetro no responde del todo: ¿cuántas de esas implementaciones son proyectos piloto sin integración operativa real, y cuántas están generando impacto medible en la cadena?
Porque la brecha entre la percepción y la realidad operativa aparece con claridad cuando el barómetro pregunta por las asignaturas pendientes. El 25,8% señala la digitalización de los procesos logísticos como el área que más mejora necesita, y otro 19,2% apunta directamente a la integración de sistemas. Son, precisamente, las condiciones previas sin las cuales cualquier aplicación de IA se queda en una capa superficial sobre una base que no está preparada. No se puede entrenar un modelo con datos que no están recogidos, ni automatizar decisiones sobre procesos que aún dependen de correos electrónicos y hojas de cálculo.
El barómetro también es revelador en lo que respecta a las barreras, porque la principal, según el 22,3% de los encuestados, es el presupuesto limitado, seguida de la falta de herramientas tecnológicas y, de forma significativa, la resistencia al cambio, citada por el 18,3%. Esta última no es un problema tecnológico, sino de gestión interna, y es quizás el más difícil de resolver porque no tiene precio de mercado ni proveedor que lo solucione.
Hay un dato que merece atención específica para los operadores de transporte: el criterio más valorado al elegir un proveedor sigue siendo la fiabilidad, con un 30,7%, muy por encima del precio, al que solo apunta el 21,4%. Para el sector del transporte por carretera, acostumbrado a competir casi exclusivamente por tarifa, ese dato debería funcionar como señal. El cargador industrial que contesta este barómetro no está buscando necesariamente al más barato; está buscando al que cumple, al que no falla, al que le da visibilidad sobre su operación.
Y ahí es donde la IA, bien aplicada, puede marcar una diferencia real: no en reducir plantillas, sino en reducir incidencias, anticipar roturas de stock, optimizar rutas con criterios dinámicos o mejorar la comunicación con el cliente final. Las empresas que lo están haciendo ya no lo anuncian como innovación, lo ofrecen como servicio.
La convicción está extendida. Lo que falta, en demasiados casos, es el suelo firme sobre el que construirla.
Carlos Zubialde




