Desde el 5 de octubre, todas las empresas están obligadas a informar por escrito a sus trabajadores de las condiciones esenciales de su relación laboral con un nivel de detalle que hasta ahora no se exigía. Lo establece el Real Decreto 723/2026, de 9 de septiembre, que transpone a la legislación española la Directiva europea 2019/1152 sobre condiciones laborales transparentes y previsibles, con el objetivo declarado de combatir la precariedad y garantizar que el trabajador conozca desde el primer día las reglas de su empleo. Para el transporte y la logística, un sector con jornadas irregulares, fuertes picos estacionales y una gestión cada vez más automatizada, la norma tiene un alcance especialmente amplio.
La información debe entregarse antes del inicio de la relación laboral, en papel o en formato electrónico accesible e imprimible, y la empresa tiene que conservar prueba de su entrega. El contenido mínimo incluye las fechas de inicio y fin del contrato, el centro de trabajo, la categoría profesional, la retribución desglosada en salario base, complementos y forma de calcular los conceptos variables, la duración y distribución de la jornada, las horas extraordinarias y su pago, las vacaciones, el periodo de prueba, el convenio aplicable o el procedimiento de extinción, entre otros puntos. Cualquier cambio debe comunicarse lo antes posible y, como máximo, el mismo día en que surta efecto.
La obligación más novedosa afecta a los sistemas algorítmicos, cuando una empresa utilice herramientas automatizadas para decidir sobre la duración o distribución de la jornada, la asignación de tareas, los salarios, la progresión profesional, el lugar de trabajo o el despido, tendrá que informar de su existencia y explicar sus pautas, criterios y reglas de funcionamiento. En logística, donde el software de optimización asigna rutas y paradas a los repartidores, los sistemas de gestión de almacén reparten tareas entre los preparadores y miden su productividad, y las plataformas de última milla fijan turnos en función de la demanda, esta exigencia obliga a abrir una caja negra que hasta ahora pocas compañías explicaban a sus plantillas. Su aplicación coincide con el conflicto abierto en Correos, donde CCOO ha llevado a la Audiencia Nacional la implantación de la geolocalización y de la herramienta de optimización de rutas ORION por la falta de información a los trabajadores.
La norma también afecta a la organización del tiempo de trabajo porque las empresas con jornada irregular deberán informar del sistema para fijarla, de las horas y días de referencia y de los preavisos mínimos para iniciar o cancelar una tarea, y las que tengan contratos fijos-discontinuos, muy utilizados para cubrir campañas como el Black Friday o la Navidad, tendrán que comunicar los periodos de actividad e inactividad o una estimación de ellos. En el caso de trabajadores enviados al extranjero durante más de cuatro semanas seguidas, la empresa deberá detallar además el país de destino, la duración, la moneda del salario, las compensaciones por desplazamiento y, si van a otro país de la Unión Europea, las retribuciones exigidas por su legislación y las reglas de reembolso de viaje, alojamiento y manutención.
Las nuevas obligaciones se aplican también a los contratos ya vigentes, por lo que cualquier trabajador puede pedir la información que le falte y la empresa dispone de 30 días hábiles para entregarla. El SEPE debía publicar un modelo de documento informativo, pero su ausencia no retrasa la exigibilidad de la norma.
Llegados a este punto, lo que deben hacer las empresas de transporte y logística es, como primer paso, revisar los contratos y sus anexos, identificar qué información falta y, sobre todo, documentar cómo funcionan las herramientas que asignan rutas, turnos y tareas. Explicar por escrito los criterios de un algoritmo de planificación obliga a conocerlos con precisión, y una empresa que no puede justificar ante su plantilla por qué el sistema reparte las cargas de una determinada manera tendrá más difícil defender esas decisiones si acaban en una reclamación.
Carlos Zubialde
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