Cerrar un ejercicio con 1.138 millones de euros de ingresos y un crecimiento del 13,8% en un año en que el transporte por carretera perdió tracción y la automoción europea dio señales de fatiga, refuerza la solidez de Sesé durante el ejercicio pasado. Los números de Sesé para 2025 merecen leerse con algo más de detención que un titular de resultados, porque lo que hay debajo dice bastante sobre cómo están sobreviviendo —y creciendo— las empresas logísticas que apostaron por diversificarse antes de que el mercado les obligara a hacerlo.
El EBITDA creció un 11%, hasta los 65 millones de euros, en un contexto que la propia compañía describe como "complejo", y ese adjetivo no es retórica corporativa. El sector del transporte por carretera lleva meses con los márgenes bajo presión, con una demanda que no termina de consolidarse y con un escenario de costes que no da tregua. Que Sesé haya mantenido sus indicadores al alza, aunque de forma más contenida de lo previsto, apunta a que la diversificación geográfica y de servicios funciona como amortiguador cuando los mercados de referencia flaquean.
La compañía opera en Europa, México, Brasil y Estados Unidos, y esa dispersión le permitió compensar los desequilibrios de contextos locales concretos. Cuando la producción de vehículos en Europa baja o los volúmenes de automoción en Norteamérica se vuelven erráticos, tener actividad en mercados con dinámica propia marca la diferencia entre absorber el golpe y recibirlo de lleno. No todas las empresas del sector tienen esa capacidad de maniobra.
Lo que también llama la atención es el volumen de contratos confirmados para los próximos cinco años: más de 1.000 millones de euros. Es una cifra que, más allá de su peso absoluto, indica visibilidad. En un sector acostumbrado a operar con horizontes cortos, con relaciones comerciales que se renuevan casi campaña a campaña, tener esa cartera comprometida cambia radicalmente la forma de planificar inversiones, recursos y estructura.
En 2025, Sesé puso en marcha sus primeras terminales de carga y estacionamiento seguro, amplió operaciones logísticas en México, realizó pruebas con duotráiler en Alemania y anunció el primer piloto de vehículo pesado autónomo en el sur de Europa. Son movimientos que no responden a una lógica de marketing, sino a una presión real del mercado: quien no mejora su eficiencia operativa hoy, paga un coste mayor mañana. La inversión de 54 millones de euros para adaptar líneas de ensamblaje al vehículo eléctrico responde a la misma lógica: el cliente de automoción ya no es el de hace cinco años.
Carlos Zubialde






