SHEIN, la plataforma de moda y artículos de consumo de origen chino, invertirá este año 500 millones de euros en ampliar su centro logístico europeo, situado cerca de Wroclaw, en el suroeste de Polonia. Con esta inversión, la compañía suma 1.000 millones de euros invertidos en el país desde que llegó en 2022. La ampliación dejará el complejo en alrededor de un millón de metros cuadrados de almacén, un 25% más que hasta ahora, con más de 6.500 robots autónomos para reponer inventario, clasificar mercancía y preparar pedidos, y una plantilla que la empresa prevé que supere los 10.000 trabajadores a finales de año.
La noticia llega en un momento en que el modelo con el que SHEIN y otras plataformas asiáticas crecieron en Europa, el envío de paquetes individuales desde China hasta el domicilio del comprador, se ha vuelto mucho más caro. A la tasa de 3 euros que la Unión Europea aplica desde julio a los productos de bajo valor importados se suma desde el 1 de noviembre otra de 2 euros por categoría de producto, y ambas gravan precisamente ese envío directo. La alternativa es la que SHEIN refuerza ahora en Polonia, importar la mercancía en grandes partidas, almacenarla dentro de la Unión y servir los pedidos desde allí. Con ese esquema la tasa por paquete deja de aplicarse y los plazos se acortan, hasta las 48 horas que la compañía ya ofrece en algunos mercados para los productos almacenados en Wroclaw.
El almacén polaco tiene además otra función. Allí se guarda también la mercancía de los vendedores europeos que usan el marketplace de SHEIN, una plataforma abierta a marcas y comercios de terceros que en Polonia ya agrupa a más de 500 empresas locales desde su lanzamiento en abril de 2025. De este modo la compañía funciona cada vez más como un operador logístico para otros vendedores, y no solo como un minorista que distribuye su propio producto. La nave es propiedad de Logicor, uno de los grandes propietarios de suelo logístico en Europa, y en torno a la operación trabajan más de 230 pymes polacas que prestan servicios de transporte, embalaje y servicios profesionales.
Para España, la decisión tiene una lectura directa. La compañía considera el mercado español uno de los principales de Europa, tiene oficinas en Madrid y Barcelona y asegura contar con más de 1.000 marcas españolas en su plataforma. Sin embargo, el almacén, la automatización y los 10.000 empleos se quedan en la Baja Silesia, mientras que en España se queda el último tramo de la cadena, el de los camiones que bajan desde el centro de Europa y las redes de paquetería que hacen la entrega final. La patronal UNO advertía esta misma semana de que las plataformas asiáticas estaban instalando sus almacenes en países como Polonia o Hungría y pedía más suelo, más potencia eléctrica y una inspección en frontera más ágil para que España pudiera competir por esas inversiones.
Las razones por las que Polonia se ha adelantado tienen poco que ver con su posición en el mapa respecto a los grandes mercados del sur, y mucho con la disponibilidad de grandes parcelas, la rapidez para construir y el coste laboral. Para los operadores de transporte y paquetería españoles, el cambio supone que una parte del volumen de estas plataformas llegará en adelante por carretera desde Europa central y no en paquetes sueltos por avión, con otra estructura de flujos y otros interlocutores. Quien quiera mover esos volúmenes tendrá que negociar con los responsables de logística de un almacén situado en Polonia, y conviene empezar a prepararse para ello antes de que esos flujos terminen de consolidarse.
Carlos Zubialde
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