El transporte de mercancías por carretera en España continúa avanzando en un proceso de transformación estructural que, aunque a primera vista puede interpretarse como un fortalecimiento del sector, esconde una realidad mucho más desigual. Los últimos datos disponibles muestran que el número medio de vehículos pesados por empresa se sitúa ya muy cerca de los cinco, una cifra que refleja un crecimiento sostenido del tamaño medio empresarial, pero que no se distribuye de forma homogénea entre todos los operadores.
Según el último Observatorio del Mercado del Transporte de Mercancías por Carretera del Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible, España cuenta a julio de 2025 con 99.256 empresas con vehículos autorizados con tracción propia, el nivel más bajo desde 2019. Esta reducción no es puntual ni coyuntural, sino el resultado de una pérdida progresiva de empresas, especialmente en determinados segmentos, tanto en vehículos pesados como en ligeros. Al mismo tiempo, el número medio de vehículos por empresa ha alcanzado las 4,92 unidades, casi el triple de las 1,88 registradas a finales de los años noventa.
Este crecimiento medio, sin embargo, no responde a un fortalecimiento equilibrado del tejido empresarial, sino a una dinámica de polarización cada vez más evidente. Las grandes empresas continúan incrementando su tamaño y capacidad operativa, mientras que una parte muy significativa del sector se concentra en estructuras mínimas. De hecho, las empresas con un solo vehículo no solo no disminuyen, sino que siguen aumentando hasta alcanzar las 30.853, lo que supone cerca del 54% del total, un peso que iguala máximos históricos y que apenas se había observado en contadas ocasiones en las últimas dos décadas.
Frente a este crecimiento de los autónomos y microempresas, los tramos intermedios muestran una tendencia clara a la contracción. Las empresas de dos, tres y cuatro vehículos pierden peso de forma continuada, al igual que aquellas situadas entre seis y veinte vehículos, lo que evidencia la dificultad de consolidar estructuras medias capaces de crecer y competir en un entorno cada vez más exigente. El resultado es un sector con más extremos: más operadores muy pequeños y más empresas de gran tamaño, pero menos compañías en el espacio intermedio que tradicionalmente ha sostenido la estabilidad del mercado.
Este fenómeno también se refleja en la distribución de los vehículos. Aunque las empresas de más de cinco camiones siguen concentrando más del 70% de la flota, su peso relativo se reduce ligeramente, mientras que las empresas de un solo vehículo incrementan su participación. En términos absolutos, solo estas últimas aumentan el número de vehículos asignados, mientras que el resto de segmentos pierde unidades, lo que refuerza la idea de un ajuste estructural que no afecta por igual a todos.
A esta evolución empresarial se suma otro dato relevante: la capacidad de carga media continúa descendiendo hasta marcar un nuevo mínimo histórico. En el caso de los camiones rígidos de servicio público, la media se sitúa ya en 10,52 toneladas, cuatro toneladas menos que hace tres décadas. Esta reducción progresiva apunta a un cambio en el tipo de transporte que se realiza, más fragmentado, con cargas más pequeñas y mayor presión operativa, especialmente en entornos urbanos y de distribución regional.
La antigüedad de la flota aporta una lectura adicional a este escenario. Aunque en el primer semestre de 2025 se observa una ligera mejora respecto a los máximos históricos alcanzados a comienzos de año, la edad media sigue siendo elevada. Los camiones rígidos de servicio público se sitúan en torno a los 14,7 años y las cabezas tractoras rondan los ocho años, mientras que en el ámbito del transporte privado las cifras son aún más preocupantes, con medias que superan ampliamente los quince años en prácticamente todas las categorías.
Los datos dibujan un sector que crece en tamaño medio, pero que se fragmenta en su base y concentra su músculo en la parte alta de la pirámide. Esta evolución plantea retos claros para la competitividad, la profesionalización y la sostenibilidad del transporte por carretera en los próximos años, especialmente para aquellas empresas que intentan escalar desde estructuras muy pequeñas en un entorno cada vez más complejo, regulado y exigente. El desafío no es solo crecer, sino hacerlo de forma equilibrada para evitar que la brecha entre grandes y pequeños siga ampliándose.
Carlos Zubialde
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