En el sector del transporte, la atención al cliente se ha convertido en uno de los principales factores de diferenciación entre las compañías, incluso entre las distintas delegaciones de una misma marca. En un entorno donde los precios están en una guerra continuada, y la capacidad operativa es cada vez más accesible, la calidad percibida por el cliente ya no depende solo de mover mercancía de un punto a otro, sino de cómo se gestiona toda la experiencia alrededor del envío.

Hablar de servicio al cliente en transporte implica asumir que cada expedición lleva implicado por parte del cliente una serie de atributos: cumplir plazos, informar con claridad, reaccionar ante incidencias y acompañar al cliente antes, durante y después del servicio. Cuando esa promesa se gestiona bien, se construye confianza. Cuando se falla, el impacto es inmediato, difícil de revertir, y que, además, puede terminar con un problema de reputación en los tiempos de la dictadura de las redes sociales.

El servicio al cliente no se limita a resolver problemas cuando surgen, estamos hablando de un conjunto de acciones, procesos y actitudes que una empresa de transporte aplica para facilitar la operativa de sus clientes, anticiparse a sus necesidades y reducir la fricción en la cadena logística. Incluye desde una correcta toma de datos inicial hasta la gestión de incidencias, la trazabilidad del envío y la comunicación posterior a la entrega.

En transporte, su importancia es especialmente crítica. Un buen servicio al cliente permite fidelizar cargadores en un mercado muy competitivo, refuerza la reputación de la empresa y reduce el volumen de reclamaciones internas, que suelen consumir mucho tiempo y recursos. Además, una gestión adecuada de la relación con el cliente ayuda a detectar ineficiencias operativas, mejorar procesos y sostener la rentabilidad a largo plazo al contar con una cartera de clientes fidelizados por medio del servicio.

Atentos a las diferencias

Conviene diferenciar entre atención al cliente y servicio al cliente, dos conceptos que en logística suelen confundirse, y que es necesario tener muy claro para desarrollar toda la estructura del servicio. La atención al cliente es reactiva: responder a una llamada, informar sobre un retraso o gestionar una incidencia concreta. El servicio al cliente es más amplio y estratégico: abarca la forma en que se diseñan los procesos, cómo se comunican los plazos, qué herramientas de seguimiento se ofrecen y qué cultura interna se transmite al cliente en cada contacto.

Cuando el servicio al cliente está bien trabajado, los beneficios son claros porque los clientes repiten, recomiendan y están más dispuestos a comprender incidencias puntuales si sienten que hay un interlocutor fiable detrás. Al mismo tiempo, se reduce la tensión operativa dentro de su propio personal, disminuyen los conflictos y la empresa gana una ventaja competitiva que no depende únicamente del precio.

Para ofrecer un buen servicio al cliente en transporte, el primer paso es conocer al cliente en profundidad. No todos los cargadores valoran lo mismo: algunos priorizan el precio, otros la puntualidad, otros la información en tiempo real o la flexibilidad ante cambios. Conocer el target del cliente, su perfil, y entender qué espera en cada operación de transporte, permite adaptar la comunicación y la operativa a sus necesidades reales.

La comunicación es otro pilar clave en todo este entorno, y que suele tender a ser olvidado. En logística, las respuestas genéricas generan desconfianza, no es un sector distinto a otros, donde el cliente deposita una confianza o tiene una expectativa de servicio determinado. Informar con claridad, usar un lenguaje comprensible y personalizar los mensajes, transmite profesionalidad y cercanía. Decir lo que ocurre, incluso cuando hay un problema, suele ser mejor que el silencio o las respuestas ambiguas.

Ofrecer soluciones es tan importante como escuchar, y cumplir con lo ofrecido también. En transporte, los errores pueden ocurrir, la compañía que asegure que su fiabilidad es del 100%, falta a la verdad. Por eso, lo que marca la diferencia realmente es la capacidad de reacción, en especial, cuando se dan situaciones críticas o con incidencias. Proponer alternativas, explicar los pasos a seguir y asumir responsabilidades, refuerza la credibilidad de la empresa frente al cliente, siempre que las cumpla, claro está. Y es que la confianza se construye con coherencia. Responder con seguridad, conocer el estado real de los envíos y no prometer lo que no se puede cumplir son aspectos esenciales en el día a día del transporte, aunque hay quien todavía no se lo crea. Un cliente prefiere una respuesta honesta a una promesa incumplida.

Los tiempos de respuesta son además un punto especialmente sensible, la rapidez en la atención transmite control, organización y compromiso. Una empresa que tarda en responder genera incertidumbre, incluso aunque el servicio se esté ejecutando correctamente. Otro punto en los tiempos también son los cumplimientos de los pasos a seguir, refuerzan la gestión del operador.

Puede parecer algo demasiado lógico, pero cumplir lo prometido es la base de cualquier relación duradera. Cada plazo cumplido, cada información correctamente transmitida, o cada incidencia bien gestionada, refuerzan la relación con el cliente y consolidarán una imagen de fiabilidad que, a largo plazo, es uno de los activos más valiosos con el que cuenta una empresa de transporte: el cliente.

Carlos Zubialde

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