La facturación del transporte de mercancías por carretera en España y Portugal cerró 2025 con un aumento del 2,3%, hasta alcanzar los 22.100 millones de euros. A primera vista, el dato confirma que el sector sigue avanzando. Sin embargo, una lectura más profunda revela una realidad menos optimista: el crecimiento se sitúa por debajo de la inflación media anual, lo que implica una pérdida de capacidad real para muchas empresas.
El contraste con 2024 es más que significativo, ese ejercicio se cerró con un incremento del 3,1%, hasta los 21.600 millones de euros, en un entorno todavía marcado por la recuperación de la demanda. En 2025, en cambio, el sector ha mostrado signos claros de desaceleración, atrapado entre un menor dinamismo económico, la volatilidad de los costes y un escenario internacional incierto que penaliza la planificación a medio plazo.
España continúa concentrando la mayor parte del negocio, con un volumen cercano a los 18.000 millones de euros y un crecimiento del 2,7%. Portugal, por su parte, alcanzó los 3.600 millones, con una subida del 5%, mostrando mayor dinamismo, en parte por el peso del transporte internacional, que representa más de la mitad de su facturación. En España, el transporte nacional sigue dominando el mercado, aportando cerca del 77% del valor total.
Más allá de los volúmenes, el problema estructural del sector permanece intacto: la elevada atomización. En 2024, el 58% de las empresas españolas de transporte operaba con un solo vehículo, una cifra que explica buena parte de las dificultades para trasladar costes al precio final y defender márgenes en un entorno inflacionario. En el conjunto de España y Portugal operan alrededor de 107.000 empresas con un parque de más de 311.000 vehículos, un tejido empresarial extremadamente fragmentado.
Es cierto que los grandes grupos han ido ganando peso, pero de forma aún limitada. Los cinco primeros operadores concentran el 17% del mercado ibérico, porcentaje que apenas alcanza el 24% si se amplía el foco a los diez principales. La concentración avanza, pero lo hace a un ritmo insuficiente para corregir las debilidades estructurales del sector.
Las previsiones apuntan a que la facturación seguirá creciendo en los próximos años, pero con una clara ralentización. En un contexto de costes laborales al alza, inversión obligatoria en tecnología, tensiones geopolíticas y mayores exigencias regulatorias, crecer por debajo de la inflación no es una buena noticia. Para muchas empresas, significa trabajar más para ganar lo mismo o incluso menos.
La inversión en flotas, tecnología y centros logísticos sigue siendo una tendencia clara, pero no todas las compañías parten del mismo punto. En un mercado cada vez más exigente y con márgenes estrechos, la eficiencia operativa y la escala dejan de ser ventajas competitivas para convertirse en una cuestión de supervivencia para muchas empresas de transporte.
El dato de crecimiento del 2,3% en 2025 no oculta una realidad incómoda: el transporte ibérico sigue creciendo en facturación, pero sin resolver sus problemas de fondo. Y mientras estos no se aborden, cualquier avance seguirá siendo más aparente que real.
Carlos Zubialde
contacto@informacionlogistica.com





