El número de empresas de transporte de mercancías por carretera ha vuelto a crecer en el mes de febrero, recuperando terreno tras un inicio de año marcado por la incertidumbre, con 808 compañías más, alcanzando las 152.464 empresas activas en España según los últimos datos del Ministerio de Transportes, publicados en su página.
El dato, en términos agregados, apunta a una cierta capacidad de resistencia del sector pese a todo lo que sucede a nivel global. Tras un mes de enero más débil, febrero refleja un rebote que se apoya principalmente en el transporte público, que suma 1.882 nuevas empresas y se sitúa en 98.880 operadores. En paralelo, el transporte privado complementario retrocede con claridad, pierde 1.074 empresas y se queda en 53.584 empresas activas.
La caída del transporte privado frente al crecimiento del público refuerza una tendencia que se viene observando en los últimos años, donde cada vez más actividad se externaliza hacia operadores especializados, en una clara tendencia no solo de externalizar la actividad, sino de aligerar las cargas, sobre todo de costes sociales y operacionales, trasladando a operadores especializados de transporte.
Dentro del transporte público, el crecimiento se reparte de una forma un tanto desigual, porque el segmento de vehículos ligeros muestra un avance más intenso, con 1.384 nuevas empresas en un solo mes, hasta alcanzar las 37.120. En el caso del transporte pesado, el incremento es más contenido, con 498 empresas adicionales, situándose en 61.760.
Estos datos no son una casualidad, son el claro reflejo del auge que está teniendo la distribución de última milla en España, sobre todo por el crecimiento del comercio electrónico, que en los últimos años ha triplicado su volumen. La realidad es que las tendencias del ecommerce siguen impulsando la entrada de nuevos operadores en el segmento ligero, donde las barreras de acceso son menores (no es preciso autorizaciones para los vehículos ni la actividad) y la demanda más fragmentada. Sin embargo, también es el segmento más expuesto a la volatilidad de costes y a la presión sobre márgenes, con una clara precarización, de la que se tendrá que hablar en algún momento de forma profunda.
Ahora bien, estos datos deben leerse con cautela, con mucha cautela, sobre todo de cara al futuro. La fotografía de febrero todavía no recoge el impacto real de la escalada del combustible derivada del conflicto en Oriente Medio. El encarecimiento acelerado del gasóleo se ha producido en gran medida durante el mes de marzo, por lo que sus efectos sobre el tejido empresarial aún no aparecen en las estadísticas, y es de temer que los próximos meses puedan ser negativos para el sector. Porque el crecimiento registrado en febrero no necesariamente anticipa la evolución a corto plazo del sector. De hecho, puede estar reflejando decisiones tomadas en un contexto anterior, con unas condiciones de coste muy diferentes a las actuales.
El transporte ha demostrado en otras ocasiones una notable capacidad de adaptación, pero también una gran sensibilidad a cambios bruscos en sus principales variables de coste, como lo es el combustible. Cuando estos cambios se producen con la rapidez que estamos viendo, el ajuste no es inmediato, pero sí inevitable, como es de temer en los próximos meses.
La cuestión no es si el sector ha crecido en febrero, sino cuánto de ese crecimiento podrá sostenerse cuando los datos empiecen a reflejar el impacto real de marzo.
Carlos Zubialde
contacto@informacionlogistica.com






