El 1 de julio de 2026 cambia una de las reglas que ha sostenido el modelo de negocio de plataformas como Temu, Shein o AliExpress en Europa. La Unión Europea elimina la exención de derechos de aduana para envíos de bajo valor, conocida como de minimis, que hasta ahora permitía que cualquier paquete por debajo de 150 euros entrara en el continente sin pagar aranceles. A partir de esa fecha, cada categoría de producto importada tributará 3 euros adicionales en concepto de derechos de aduana. Tres categorías en un mismo pedido, 9 euros más. No es un importe que destruya el modelo, pero sí lo suficiente para frenar la compra por impulso, que es precisamente donde estas plataformas han construido su ventaja competitiva.

La cifra que mejor ilustra la dimensión del cambio es esta: se estima que unos 12 millones de paquetes al día entran actualmente en Europa bajo esa exención. Lo que hasta ahora era un flujo de pequeños envíos directos desde Asia, económico y fiscalmente invisible en aduanas, pasa a tener un coste real que alguien tendrá que asumir, ya sea la plataforma, ya sea el consumidor.

Y las plataformas ya se están moviendo: Shein y Temu llevan meses explorando ubicaciones de almacenamiento en Europa del Este, con Polonia como uno de los destinos más citados. La lógica es sencilla y ya la aplicó el sector antes en otros contextos: importar en grandes volúmenes al territorio europeo, almacenar localmente y distribuir desde dentro. Si el producto ya está en suelo europeo antes de llegar al consumidor final, no hay importación en el momento de la venta y por tanto no aplica el nuevo arancel. Es la misma estrategia que convirtió a los operadores logísticos en piezas clave durante el auge del ecommerce transfronterizo.

Lo que está ocurriendo en Francia anticipa lo que puede pasar a escala europea. Desde el 1 de marzo, Francia aplica su propia tasa de 2 euros por envío de ecommerce de bajo valor, y en cuestión de días las declaraciones aduaneras en el aeropuerto Charles de Gaulle cayeron un 92%. El tráfico no desapareció, se redirigió hacia Lieja y Ámsterdam. Cuando una regulación cierra una puerta, los flujos buscan otra, y en logística internacional eso ocurre con una rapidez que a menudo sorprende a los propios reguladores. Si la presión se extiende por toda la UE, los destinos alternativos podrían ser el Reino Unido o Turquía, ambos fuera del perímetro regulatorio europeo.

Para los vendedores europeos, el escenario que se abre es el más favorable que han tenido en años. La ventaja de coste que las plataformas asiáticas obtenían gracias a la exención aduanera se reduce, y productos fabricados o almacenados en Europa recuperan competitividad sin haber cambiado nada en su cadena de valor. Es un incentivo estructural para comprar europeo, o al menos para que el precio deje de ser el argumento aplastante que ha sido hasta ahora.

Quedan menos de 100 días, y quien aún no haya evaluado cómo afecta este cambio a su operación, ya sea como operador logístico, cargador o vendedor online, tiene poco margen para hacerlo con calma. Los que antes lleguen a los acuerdos de almacenamiento, adapten sus contratos y reposicionen su inventario dentro de Europa, estarán mejor situados cuando llegue julio. El resto, improvisando.

Carlos Zubialde — informacionlogistica.com

contacto@informacionlogistica.com