El sector de transporte y almacenamiento cerró abril con 1.161.978 trabajadores cotizando a la Seguridad Social, un 0,91% más que en marzo y un 3,14% por encima del mismo mes del año anterior, según los datos del Ministerio de Empleo. La cifra es buena, y conviene decirlo. Pero hay un detalle dentro de ese número que merece algo más de atención y en el que vamos a profundizar.
El crecimiento se sustenta por completo en el aumento de asalariados: 947.097 en el régimen general, un 4,05% más que en abril de 2025. Los autónomos, en cambio, retroceden un 0,74% respecto a marzo y acumulan una caída anual del 2,51%, situándose en 214.881 personas inscritas en el RETA. Dos tendencias que avanzan en sentido opuesto dentro del mismo sector, y que no son una casualidad.
La pérdida de autónomos en transporte y logística viene de lejos, ya que el perfil del transportista independiente lleva años bajo una presión que los datos mensuales apenas alcanzan a reflejar. Según el barómetro de ATA, los autónomos arrancan 2026 con un fuerte aumento de costes del 81,1%, ingresos estancados y una baja confianza en las medidas del Gobierno, con solo el 5,6% de ellos considerando suficientes las políticas públicas de apoyo. En transporte, donde el combustible, el seguro y el mantenimiento concentran la mayor parte de los gastos fijos, ese desequilibrio entre lo que entra y lo que sale se vuelve insostenible antes que en otros sectores.
El Ministerio de Transportes convoca cada año ayudas para facilitar el abandono de la actividad a transportistas de edad avanzada. La dotación para 2026 es de 9,6 millones de euros, con 30.000 euros por licencia entregada. Una cifra que, año tras año, se queda corta. En la convocatoria de 2025, el presupuesto solo permitió reconocer como beneficiarios al 20% de los solicitantes, dejando fuera a ocho de cada diez transportistas que pedían acogerse. Los que no acceden a la ayuda no siempre pueden esperar a la siguiente convocatoria: algunos simplemente cierran.
Que el empleo total en el sector siga creciendo puede esconder esta dinámica si no se mira con detenimiento. El crecimiento en asalariados refleja, en parte, la absorción de actividad que antes realizaban autónomos independientes y que ahora gestionan empresas más grandes con plantilla propia. No es necesariamente una mala noticia para la operativa del sector, pero sí cambia su composición y, con ella, las condiciones de negociación entre cargadores y proveedores de transporte.
Un sector que concentra cada vez más su fuerza laboral en grandes operadores asalariados y pierde tejido autónomo es un sector más difícil de reorganizar ante cambios bruscos de demanda, ya que la flexibilidad que históricamente aportaban los pequeños transportistas independientes no se recupera fácilmente cuando la flota se consolida en manos de menos actores. La pregunta es si ese proceso de concentración es inevitable, o si hay margen todavía para que el autónomo del transporte encuentre un encaje económicamente viable en el sector que construyó.
Carlos Zubialde





