El problema está en acostumbrarse a leer estas cifras como si fueran un termómetro que ya no sube ni baja. La estabilización es bienvenida, pero no equivale a haber resuelto el problema. En términos generales, los datos de abril muestran un descenso en las salidas de vía, mientras que aumentan las colisiones frontales, traseras y múltiples. Ese detalle es importante porque las salidas de vía suelen estar asociadas a la fatiga o la distracción, mientras que las colisiones múltiples tienen una componente diferente, más vinculada a velocidad inadecuada y distancias de seguridad. No es el mismo accidente, ni la misma causa, ni el mismo perfil de conductor implicado.

Por regiones, la siniestralidad se concentra en Andalucía, con un fuerte incremento en la Comunidad Valenciana. Dos territorios con mucho peso en rutas de distribución nacional e internacional, tanto en tráfico de mercancías perecederas como en logística de ecommerce. Que la siniestralidad se concentre ahí no es un dato menor para las empresas que operan en esos corredores.

Y aquí está la clave operativa que a veces se pierde en los informes mensuales: la geografía de los accidentes no es aleatoria. Los tramos más cargados, las rutas donde el tiempo de entrega aprieta, los accesos a plataformas logísticas con rotación alta, los desvíos de obras que alargan el trayecto y tensan al conductor… todo eso condiciona dónde ocurren los siniestros. Los datos de la DGT dan el qué y el dónde, pero la explicación del porqué hay que buscarla en las condiciones reales de operación.

Que la cifra no haya empeorado es un alivio. Que tampoco haya mejorado, con más vehículos circulando, invita a no dar por cerrado un debate que el sector tiene aún pendiente con honestidad: cuánto margen real queda para reducir la siniestralidad sin tocar las condiciones en las que trabajan conductores y flotas.

Carlos Zubialde

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