Hay sectores que han interiorizado la digitalización como una segunda naturaleza y hay sectores que todavía gestionan operaciones críticas por teléfono, correo electrónico y hojas de cálculo. El transporte de mercancías B2B pertenece, en gran medida, al segundo grupo, y la distancia entre lo que la tecnología permite hoy y lo que ocurre en la práctica diaria de muchas empresas sigue siendo llamativa.

No es un problema de desconocimiento. Cualquier responsable de logística sabe perfectamente que existen plataformas digitales capaces de centralizar la cotización, la reserva, el seguimiento y la documentación de un envío en un único entorno. El problema es estructural, ya que el sector lleva décadas funcionando sobre una arquitectura de relaciones personales, acuerdos informales y procesos fragmentados que no se desmonta de un día para otro, aunque la tecnología esté disponible.

El modelo tradicional tiene sus costes, aunque no siempre aparezcan contabilizados como tales. Comparar precios entre transportistas requiere llamadas y esperas. Conocer el estado real de una mercancía en tránsito depende de a quién se llame y cuándo conteste. La documentación circula por correo electrónico entre varios interlocutores y cualquier incidencia activa una cadena de comunicaciones que consume tiempo y genera errores. Para una pyme industrial o un comercio electrónico con volumen, esa carga administrativa no es un inconveniente menor, ya que es tiempo de gestión que se resta a la operativa real.

La digitalización que está llegando a este segmento no propone, en esencia, nada conceptualmente nuevo: cotización online, trazabilidad en tiempo real, transparencia de costes, menos papeleo. Son funcionalidades que el consumidor final lleva años dando por descontadas cuando compra en cualquier plataforma de comercio electrónico. La diferencia es que trasladarlas al entorno B2B, con la complejidad de los envíos industriales, los plazos negociados y la variedad de modos de transporte, ha tardado bastante más de lo esperado.

Plataformas como la alemana Cargoboard, que opera en España, Portugal e Italia, ilustran hacia dónde va este proceso, con un modelo que combina contratación digital con acompañamiento operativo. Según ha declarado la propia compañía, el reto no está tanto en la tecnología como en integrar la experiencia online con la capacidad de respuesta necesaria para que cada transporte funcione en la práctica. Es una distinción relevante, ya que digitalizar la interfaz sin resolver la operativa detrás no resuelve el problema, solo lo desplaza.

Para los operadores y empresas que ya trabajan en entornos digitalizados, la pregunta ya no es si merece la pena dar ese paso. La pregunta es cuánto cuesta seguir sin darlo, en tiempo de gestión, en errores evitables y en capacidad de reacción ante imprevistos. El mercado que exige rapidez y visibilidad a sus proveedores logísticos es el mismo que todavía gestiona sus propios envíos con herramientas de hace veinte años. Esa contradicción, tarde o temprano, pesa.

Carlos Zubialde

contacto@informacionlogistica.com