La Agencia Internacional de la Energía ha dedicado buena parte de su último informe mensual del mercado del petróleo a alertar de una tensión creciente en el mercado del diésel y otros destilados medios, con las refinerías mundiales trabajando ya al límite de su capacidad. El organismo resume la situación advirtiendo de que existen opciones limitadas para evitar un nuevo endurecimiento de la oferta y precios más altos en los próximos meses, un diagnóstico que confirman también las principales petroleras y gasistas españolas.
El origen del problema no está tanto en el propio precio del crudo, que ha subido con fuerza durante la crisis energética actual, sino en el cuello de botella que se ha formado en la capacidad de refino. Josu Jon Imaz, consejero delegado de Repsol, ha señalado que mientras el barril de crudo ha encarecido, los precios de los productos refinados en los mercados internacionales han llegado prácticamente a duplicarse este año, una diferencia que pone el foco en la capacidad industrial disponible para transformar el petróleo en combustibles utilizables, no en la disponibilidad de la materia prima en sí. Olvido Moraleda, presidenta de BP España, ha añadido que España parte de una posición algo más favorable que otros países europeos gracias a las inversiones realizadas por su industria de refino en los últimos años, y a la flexibilidad de un sistema capaz de adaptarse a las necesidades cambiantes del mercado.
Esa posición relativamente mejor se explica en parte por decisiones estructurales que otros países no tomaron, porque mientras Italia o Alemania cerraron en torno a un 20% de su capacidad de refino en los últimos años, externalizando buena parte de esa producción hacia el Golfo Pérsico, las refinerías españolas han mantenido su capacidad y han llegado incluso a retrasar sus paradas programadas de mantenimiento para maximizar la producción de diésel y queroseno. España cuenta además con reservas estratégicas equivalentes a 92 días de consumo, gestionadas por CORES junto a la propia industria petrolera, un colchón que la Comisión Europea confirmó el pasado 8 de septiembre que sigue siendo suficiente, descartando por ahora un desabastecimiento generalizado en el conjunto del continente.
Conviene, en cualquier caso, distinguir entre un mercado tensionado y unos surtidores vacíos, porque son dos escenarios muy distintos. Lo que sí parece asegurado es que el precio seguirá presionado durante los próximos meses, con el gasóleo A pasando en España de rondar los 1,42 euros por litro antes de la crisis energética actual a cerca de 1,83 euros, una escalada que golpea de lleno al transporte por carretera, la agricultura y buena parte de las cadenas logísticas que dependen de este combustible. Una parte relevante de la industria del refino europea también ha reclamado revisar la normativa comunitaria sobre trazabilidad de importaciones de crudo, al considerar que solo el 3% de las importaciones que llegan a España podrían demostrar el cumplimiento de determinadas obligaciones previstas entre 2027 y 2029, frente al 13% de la media europea, un desajuste regulatorio que, según las propias petroleras, podría agravar todavía más la disponibilidad de producto en los próximos años si no se corrige a tiempo.
Para el sector del transporte de mercancías por carretera, que ya arrastra un año marcado por sucesivas subidas del gasóleo vinculadas a la inestabilidad en Oriente Medio, este nuevo aviso de la AIE confirma que el problema no se limita a un episodio puntual de encarecimiento, sino que responde a una limitación estructural de la capacidad mundial de refino que puede seguir presionando costes durante los próximos meses, justo cuando la demanda invernal de combustible todavía no ha alcanzado su punto más alto del año.
Carlos Zubialde





