El transitario danés Scan Global Logistics (SGL), dirigido por su consejero delegado global, Allan Melgaard, ha alcanzado un acuerdo para adquirir OIA Global, una compañía con sede en Estados Unidos que encabeza Jeffery Barrie, en la que es la mayor compra de su historia y con la que se sitúa entre los veinte mayores transitarios del mundo. El cierre de la operación está previsto para el primer trimestre de 2027 y depende todavía de las autorizaciones regulatorias. Las condiciones económicas no se han hecho públicas.

Las cifras de las dos compañías dan la medida de la operación. SGL facturó 2.530 millones de euros en 2025, con un ebitda de 219 millones antes de partidas extraordinarias, y cuenta con más de 5.100 empleados y más de 200 oficinas repartidas por seis continentes. OIA Global ingresó 780 millones de dólares el año pasado, tiene más de 1.200 trabajadores y más de 60 oficinas en más de 30 países, y aporta experiencia en transporte internacional, logística de contrato, despacho de aduanas, servicios 4PL y gestión de la cadena de suministro.

La compra refuerza de forma notable la presencia de SGL en Estados Unidos, el mercado donde el grupo danés tenía menos peso en comparación con sus grandes competidores, y amplía al mismo tiempo su oferta hacia servicios que van más allá del transporte de mercancías, como la logística de contrato, los proyectos de carga especial o la gestión integral de la cadena de suministro para un cliente. Con esa combinación, SGL podrá competir de forma más directa con los grandes operadores multinacionales, que basan buena parte de su ventaja en ofrecer al cargador un único interlocutor para el transporte, el almacenaje y la aduana en varios continentes.

La operación se suma a la ola de concentración que vive el sector del transitario, con movimientos como la integración de DB Schenker en DSV o la compra del negocio europeo de transporte terrestre de C.H. Robinson por parte de sennder. En un mercado en el que los márgenes dependen cada vez más del volumen y de la capacidad de negociar espacio con navieras y aerolíneas, ganar tamaño se ha convertido en la estrategia dominante de los operadores medianos que quieren seguir compitiendo con los mayores.

El reto de SGL estará en integrar dos compañías de culturas distintas sin perder lo que les ha permitido crecer, la cercanía con los clientes y la capacidad de decidir en cada mercado, un equilibrio que resulta difícil en las fusiones de este sector, como ha mostrado la pérdida de volúmenes de DSV en su red de carretera tras absorber Schenker. Para los cargadores que trabajan con alguna de las dos empresas, la integración puede traducirse en una red más amplia en Norteamérica, aunque los primeros meses tras el cierre serán los que determinen si el servicio se mantiene al nivel que tenían por separado.

Carlos Zubialde

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