Diez años después de abrir su primer centro logístico en Castellbisbal, Amazon ha invertido en Cataluña más de 5.000 millones de euros y emplea directamente a más de 8.000 personas en la región. Son los datos que ha puesto sobre la mesa Ruth Díaz, directora general de Amazon España y Portugal, en un encuentro celebrado este lunes en Barcelona junto a la patronal Foment del Treball, cuyo presidente, Josep Sánchez Llibre, ha calificado a la compañía de «socio clave para la transformación digital».
Más allá del dato de inversión, la cifra que mejor explica el peso real de Amazon en la economía catalana es otra: más de 4.000 millones de euros de contribución al PIB de la región en la última década. No es el impacto de una empresa que abre almacenes y contrata personal de carga. Es el rastro económico de una infraestructura logística y tecnológica que se ha ido consolidando capa a capa, centro a centro.
Cataluña concentra ya 10 centros logísticos de Amazon, más que cualquier otra comunidad autónoma del país. Esa densidad no es casual: responde a la posición geográfica de la región, a su tejido industrial y a la capacidad de conectar el mercado ibérico con el sur de Europa y con los flujos hacia Francia. El centro de El Far d'Empordà, en Girona, aspira además a convertirse en el primero del mundo de la compañía en generar toda la energía que consume, a través de turbina, placas solares y baterías. Es un proyecto piloto con implicaciones que van mucho más allá de la sostenibilidad interna.
Para el ecosistema de pymes catalanas, los datos son también relevantes. Según Díaz, 3.700 pequeñas y medianas empresas catalanas operan en la plataforma, un 21% del total estatal, con exportaciones de 340 millones de euros anuales y un impacto de 550 millones al PIB regional. En términos logísticos, eso se traduce en volumen de envíos, necesidad de capacidad de almacenaje y presión sobre los plazos de entrega, variables que los operadores que trabajan con este tipo de vendedores conocen bien.
Lo que también ha quedado sobre la mesa en el encuentro es la posición de la compañía respecto al marco regulatorio. Díaz ha reclamado un entorno normativo estable, simplificado y armonizado a escala europea, con todas las empresas compitiendo bajo las mismas reglas. En un sector logístico que lleva años navegando entre la directiva de movilidad, las ZBE, el paquete de normas de la economía de plataformas y las exigencias de sostenibilidad, esa petición tiene más recorrido del que parece a primera vista.
Que una empresa de este tamaño lleve una década construyendo su infraestructura en Cataluña, y que la amplíe en lugar de reorientarla, dice algo sobre la estabilidad que percibe en ese mercado. La pregunta que queda abierta para los operadores locales es cuánto de esa inversión se traduce en oportunidad real y cuánto en presión competitiva sobre los márgenes de quienes les dan servicio.
Carlos Zubialde
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