La feria IAA Transportation de Hannover ha servido esta semana de escaparate para uno de los anuncios más relevantes del año en materia de descarbonización del transporte pesado. Volvo Group, Daimler Truck, Toyota Motor Corporation, Bosch, Air Liquide, TotalEnergies, TEAL Mobility y MB Energy han presentado un proyecto conjunto para impulsar el despliegue de camiones propulsados por hidrógeno en las carreteras europeas, con un calendario que sitúa el despliegue progresivo de esta tecnología hasta 2030.
El anuncio no llega solo. De forma paralela, Toyota e IVECO avanzan en el desarrollo de camiones de hidrógeno con más de 900 kilómetros de autonomía dentro del proyecto EMPOWER, con las primeras actividades de validación previstas para el cuarto trimestre de este año y pruebas en carretera que arrancarán en el primer semestre de 2027. Son plazos concretos, no declaraciones de intenciones genéricas, lo que marca una diferencia respecto a anuncios similares de años anteriores en el sector.
Que ocho compañías de perfiles tan distintos, fabricantes de camiones, proveedores de componentes, energéticas y especialistas en gases industriales, se hayan sentado a coordinar un mismo calendario es en sí mismo relevante. El hidrógeno para transporte pesado lleva años prometiendo una escala que no termina de llegar, en buena medida porque ningún actor aislado puede resolver a la vez el vehículo, el suministro de hidrógeno verde y la red de repostaje. Un consorcio de esta naturaleza aborda simultáneamente los tres frentes, lo que reduce, aunque no elimina, el riesgo de que el despliegue vuelva a quedarse en fase de piloto.
Para las flotas españolas, la pregunta relevante no es si el hidrógeno llegará, sino cuándo será una alternativa realista frente al camión eléctrico de batería, que hoy en día sigue limitado por la autonomía y por una red de recarga todavía insuficiente para las largas distancias. El propio sector reconoce que la transición no será monolítica: baterías, hidrógeno, biometano y combustibles renovables convivirán durante años, cada uno resolviendo mejor unos casos de uso que otros. El transporte de larga distancia y las rutas troncales europeas son, en principio, el terreno donde el hidrógeno tiene más que aportar frente a la batería.
Lo que está por ver es si el horizonte de 2030 que manejan estos fabricantes resulta realista o si, como ha ocurrido antes con otras tecnologías de propulsión alternativa, los plazos vuelven a ajustarse a medida que se topan con la realidad de escalar infraestructura de repostaje a lo largo de miles de kilómetros de corredores europeos.
Carlos Zubialde
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