El mercado mundial de gasóleo afronta la temporada de mayor demanda invernal con unas reservas que no han conseguido recuperarse, y la Agencia Internacional de la Energía (AIE) da por hecho que la oferta del cuarto trimestre no bastará para cubrir el consumo, aunque las refinerías aceleren su actividad hacia final de año. Según sus previsiones, los inventarios perdidos no volverán a niveles normales hasta la segunda mitad de 2027.
El precio del diésel superó en septiembre los 200 dólares por barril, el máximo histórico, y aunque desde entonces ha bajado, sigue cotizando casi al doble que el crudo y por encima de los niveles previos a la crisis. Esa distancia entre el barril de petróleo y el producto refinado explica buena parte del problema, porque la tensión está en el refino y en el suministro de gasóleo, y una bajada del crudo no se traslada de forma inmediata al surtidor.
Las causas se fueron acumulando a lo largo del año: las interrupciones prolongadas en las exportaciones procedentes de Oriente Medio y Rusia redujeron el producto disponible, la capacidad de refino limitada impidió compensarlo y los márgenes de las refinerías se dispararon. En el segundo trimestre los inventarios cayeron mucho más de lo habitual, y en el tercero el mercado mundial de gasóleo se contrajo cuando lo previsto era que creciera.
El ajuste no ha afectado por igual a todos los consumidores. El gasóleo de calefacción, más sensible al precio, perdió demanda porque muchos compradores aplazaron sus pedidos, mientras que el consumo para transporte se mantuvo fuerte, ya que las empresas del sector no pueden dejar los camiones parados a la espera de un precio mejor. La AIE añade que las medidas aprobadas por los gobiernos para amortiguar el impacto de los precios contribuyeron a sostener esa demanda.
Esa diferencia sitúa al transporte por carretera en una posición muy comprometida, porque es el consumidor que menos capacidad tiene de reducir su compra cuando el mercado se tensiona. Con el invierno por delante, la competencia por el producto disponible aumentará cuando la demanda de calefacción se reactive, y el transportista seguirá necesitando el mismo volumen de combustible para cumplir sus servicios. Las consecuencias no se quedan en el sector, ya que el encarecimiento del gasóleo se traslada al precio de los bienes, resta renta real y presiona sobre la inflación y la actividad económica.
Carlos Zubialde
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