El transporte de mercancías por carretera ha cerrado 2025 con un balance claramente alcista tanto en tarifas como en niveles de actividad, confirmando una recuperación progresiva del mercado tras un periodo marcado por la volatilidad de costes y la incertidumbre económica. Las previsiones para 2026 apuntan a la continuidad de esta tendencia, siempre que no se produzcan alteraciones significativas en las cadenas de suministro o en el contexto geopolítico, cosa que no puede descartarse del todo viendo lo sucedido los últimos meses.
Los indicadores de referencia del sector reflejan este comportamiento de recuperación, ya que durante el último tramo de 2025, las tarifas de transporte por carretera en Europa han mantenido una evolución ascendente, impulsadas por una mejora de la demanda y por el incremento sostenido de los costes operativos. Los índices Upply–Ti–IRU superaron los 134 puntos en el tercer trimestre del año y todo apunta a que el ejercicio se ha cerrado en niveles similares o incluso superiores, consolidando un escenario de precios elevados respecto a 2024.
Este aumento de las tarifas no responde a un único factor como puede suponerse. Aunque el precio del diésel mostró cierta moderación en algunos meses, otros costes estructurales han seguido presionando al alza. El incremento de los costes laborales y la persistente escasez de conductores en Europa —estimada en más de 400.000 vacantes, de las cuales 30.000 serían en España— continúan siendo dos de los principales elementos de tensión para el sector, limitando la capacidad operativa y encareciendo el servicio.
En paralelo, la actividad ha mostrado signos claros de reactivación, especialmente en el último trimestre del año. España se ha consolidado como uno de los principales motores del transporte europeo, con un aumento significativo de las ofertas de carga hacia el cierre de 2025. Este repunte se ha visto favorecido por la recuperación del consumo y una mejora del comercio exterior, después de varios meses de demanda más contenida.
De cara a 2026, el escenario que manejan los analistas apunta a una continuidad de esta dinámica. La mejora progresiva de la demanda, junto con unos costes de explotación que se mantienen elevados —combustible, peajes y costes laborales—, sugiere que las tarifas podrían estabilizarse en niveles altos o registrar ligeros ajustes al alza. A ello se suma la normalización del mercado de camiones y la influencia de factores externos, como las tensiones geopolíticas, que siguen afectando al coste energético.
El cierre de 2025 deja así un sector en fase de reactivación, con mayor actividad y precios más elevados, pero también con retos estructurales que seguirán condicionando la evolución del transporte por carretera en los próximos meses. La dispoinibilidad parece ser que será el elemento clave a tener en cuenta en este 2026.
Carlos Zubialde
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