En la mayoría de los almacenes, la formación sobre equipamiento se reduce a lo estrictamente obligatorio: el carnet de carretillero, el curso de manipulación de carga y el protocolo de seguridad que firma el trabajador el primer día. A partir de ahí, el conocimiento real sobre cómo funciona la maquinaria se adquiere solo, con el tiempo, observando a compañeros o aprendiendo a base de errores. Es un modelo que funciona hasta que deja de funcionar.

El problema de formar únicamente para cumplir con la normativa es que se pierde la parte más valiosa de la formación: la capacidad de diagnóstico. Un operario que entiende de verdad cómo trabaja un transpalet eléctrico, qué sensaciones son normales y cuáles no, qué ruidos indican desgaste y cuáles son irrelevantes, no solo lo usa mejor. También es capaz de detectar que algo empieza a fallar mucho antes de que falle del todo, con las consecuencias que ello acarrea. Esa diferencia entre una revisión preventiva y una avería en plena operativa tiene un coste que cualquier responsable de almacén conoce perfectamente, solo hay que preguntárselo.

La formación técnica sobre equipamiento logístico tiene además un efecto directo en la siniestralidad. Las lesiones en almacén no siempre ocurren porque la máquina falle, sino porque el operario no la usa en las condiciones para las que fue diseñada: cargas mal centradas, velocidades inadecuadas para el tipo de suelo, maniobras en espacios que no tienen la holgura necesaria. Un uso incorrecto sostenido en el tiempo no solo genera accidentes, genera también un deterioro acelerado del equipamiento que acorta su vida útil de forma significativa.

Zetatrades, especializada en equipamiento logístico e industrial, incorpora a su servicio el asesoramiento técnico sobre el uso y mantenimiento de los equipos que suministra, precisamente porque sabe que vender una máquina sin transferir el conocimiento necesario para operarla correctamente es resolver solo la mitad del problema. En operaciones donde el equipamiento es específico o más complejo, ese acompañamiento marcara la diferencia entre un equipo que rinde durante años y uno que empieza a dar problemas mucho antes de lo previsto.

Además de esto, tenemos un ángulo que se suele pasar por alto: los operarios bien formados son también mejores interlocutores con el servicio técnico. Cuando algo falla, la calidad de la información que se transmite al técnico determina en gran medida la rapidez del diagnóstico y la eficacia de la reparación. Un operario que puede describir con precisión cuándo empezó el problema, en qué condiciones aparece y cómo ha evolucionado, reduce el tiempo de intervención de forma considerable. Esa capacidad de que el operario haga el diagnostico inicial se construye también con formación.

La formación sobre equipamiento no debería verse como un coste asociado a la compra de una máquina, sino como parte del retorno de esa inversión. Un almacén donde los operarios entienden lo que manejan es más seguro, más eficiente y barato de mantener. La cuestión no es si merece la pena formarlos, sino por qué se sigue dejando para más adelante, o incluso no haciéndolo.

Carlos Zubialde

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