El ferrocarril de mercancías en España continúa arrastrando problemas estructurales que lastran su competitividad y deterioran la confianza tanto de los operadores como de los cargadores. Así lo refleja la última encuesta bienal elaborada por la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia, que evidencia un empeoramiento generalizado de la percepción del sector en 2025 y sitúa los niveles de insatisfacción en máximos desde 2019.
La valoración global del mercado ferroviario por parte de las empresas ferroviarias se ha situado en 2,5 puntos sobre cinco, una calificación claramente insuficiente y la más baja registrada en los últimos seis años. En el caso de los usuarios del tren de mercancías, la nota media ha sido incluso inferior, con 2,4 puntos, lo que confirma que la recuperación de percepción observada en 2023 ha sido puntual y no se ha consolidado. Más del 80% de ambos colectivos se declaran insatisfechos con la competitividad del ferrocarril como modo de transporte.
El estudio se apoya en las respuestas de 27 empresas, asociaciones y actores relevantes del transporte ferroviario, tanto desde el lado de la oferta como de la demanda. En el caso de los operadores, se han analizado aspectos que van desde la competitividad general y la gestión de las obras en la red hasta el acceso al material rodante, el uso de terminales y la relación con la administración. El resultado es contundente: ninguna de las categorías evaluadas alcanza el aprobado, algo que no había ocurrido en la serie histórica desde 2019.
Las peores valoraciones se concentran en los apartados relacionados con la competitividad, la gestión de las obras y el acceso al mercado internacional, que obtienen una nota media de 2,1 puntos. El 83% de las empresas ferroviarias considera que el ferrocarril no es competitivo frente a otros modos, mientras que dos tercios se muestran insatisfechos con la planificación y ejecución de las obras en la red. Además, más del 80% percibe importantes dificultades para operar en el ámbito internacional, lo que limita el desarrollo de servicios transfronterizos eficientes.
Los operadores también denuncian una clara asimetría con el transporte por carretera y reclaman una mayor agilidad en el desarrollo de los corredores Atlántico y Mediterráneo. A ello se suma la crítica a las ayudas destinadas a compensar las perturbaciones del tráfico derivadas de las obras, consideradas insuficientes para mitigar su impacto real sobre la operativa.
En cuanto al material rodante, la percepción es algo menos negativa, aunque sigue lejos de ser positiva. Algo más de la mitad de las empresas valora favorablemente el acceso a locomotoras, pero una amplia mayoría considera excesivos los costes tanto de las locomotoras como de los vagones, lo que frena la renovación y ampliación de flota. Respecto a las terminales, las valoraciones son claramente peores en el caso de las instalaciones de Adif explotadas por terceros, frente a las de titularidad privada. Los operadores cuestionan el modelo de gestión, al que atribuyen un incremento significativo de tarifas, problemas derivados de licitaciones mal diseñadas y una escasa capacidad de gestión operativa por parte de los explotadores.
La percepción negativa no se limita a las empresas ferroviarias. Los cargadores y clientes del tren tampoco aprueban el funcionamiento del sistema. Solo el acceso a las terminales privadas alcanza una valoración aceptable, mientras que el servicio prestado por las empresas ferroviarias, el acceso a las terminales de Adif y la operativa en terminales portuarias reciben suspensos mayoritarios. La competitividad del ferrocarril vuelve a ser el principal punto de fricción, especialmente por su falta de fiabilidad y su escasa adecuación para envíos de pequeño volumen.
Los usuarios señalan que las disrupciones frecuentes del tráfico y los retrasos recurrentes minan la confianza en el modo ferroviario y obligan, en muchos casos, a recurrir a soluciones intermedias o a otros modos de transporte. También critican la falta de flexibilidad y unos plazos de entrega que dificultan el uso del tren para envíos urgentes.
En el ámbito de los precios, los cargadores expresan un malestar significativo, es llamativo que más de la mitad considera que las tarifas no se han ajustado a la baja tras la reducción de los costes energéticos, después de haber aumentado de forma notable en 2022 y 2023. Aunque el acceso a las instalaciones de Adif recibe una valoración relativamente positiva, la flexibilidad, los costes y los tiempos de espera son duramente criticados, con un fuerte deterioro de la percepción de fiabilidad en los últimos dos años.
El informe dibuja un escenario preocupante para el ferrocarril de mercancías en España. Lejos de consolidarse como una alternativa real y competitiva dentro de la cadena logística, sigue percibiéndose como un modo poco fiable, caro y complejo. Una situación que, si no se corrige, compromete su papel en la descarbonización del transporte y en la mejora de la eficiencia logística a medio y largo plazo.
Carlos Zubialde
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