El sector de la logística y el transporte vuelve a consolidarse como uno de los grandes motores de empleo en España, aunque lo hace arrastrando retos estructurales que, según advierte la patronal UNO Logística, amenazan su competitividad y su capacidad de seguir creciendo de forma sostenible.

De acuerdo con los últimos datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) publicados por el Instituto Nacional de Estadística, el empleo logístico arrancó 2025 con 1.231.600 trabajadores y cerró el último trimestre del año con 1.298.200 ocupados. Este incremento del 5,41% respecto al cierre de 2024 supone que la logística y el transporte concentraron el 9,54% del total del empleo creado en España, una cifra que refuerza el peso del sector en la economía nacional.

Desde UNO destacan que este crecimiento no solo se refleja en el volumen de empleo, sino también en su capilaridad territorial. “La evolución confirma una tendencia positiva sostenida a lo largo del ejercicio. La logística está presente en múltiples regiones y actúa como un elemento vertebrador de la actividad económica”, ha señalado su presidente, Francisco Aranda.

Sin embargo, el crecimiento del empleo convive con obstáculos que, a juicio de la patronal, limitan el desarrollo del sector. Aranda ha vuelto a poner el foco en la rigidez del mercado laboral derivada de la última reforma, el nivel de los costes laborales —por encima de la media europea— y la elevada presión fiscal. A ello se suman, según explica, las sucesivas subidas del Salario Mínimo Interprofesional sin un vínculo claro con la productividad, lo que dificulta la negociación colectiva y genera tensiones adicionales en las empresas.

Uno de los problemas más preocupantes es el absentismo laboral, que en logística alcanza ya el 8%. Según los datos manejados por UNO, esto implica que alrededor de 103.000 personas no acuden cada día a su puesto de trabajo, lo que se traduce en unas 175 millones de horas de trabajo perdidas al año y un impacto equivalente a más de 100.000 empleos. Una situación que, además de encarecer los costes empresariales y públicos, agrava la escasez de mano de obra que sufre el sector. “El absentismo tiene un coste real y requiere medidas efectivas de prevención, control e incentivos”, subraya Aranda.

A esta problemática se suma la dificultad para atraer y retener talento especializado. La falta de conductores, técnicos y operadores cualificados sigue siendo uno de los grandes cuellos de botella para muchas compañías. Desde UNO advierten de que esta escasez de perfiles profesionales está limitando la capacidad competitiva de las empresas logísticas, especialmente en un contexto de creciente complejidad operativa.

Paradójicamente, el sector se sitúa entre los más avanzados en adopción tecnológica. En España, la logística es el tercer sector que más utiliza big data y, a nivel global, se encuentra entre los diez con mayor implantación de inteligencia artificial. Estas tecnologías están permitiendo mejorar la planificación, la eficiencia y la gestión de la cadena de suministro, pero también exigen perfiles cada vez más cualificados.

A los retos laborales y de talento se añade el anuncio de una aplicación más estricta del nuevo registro horario digital, interoperable con la Inspección de Trabajo. Desde el sector se advierte de que esta medida puede eliminar márgenes de flexibilidad operativa y suponer un desafío organizativo relevante, especialmente para las pequeñas y medianas empresas.

De cara a 2026, desde UNO insisten en la necesidad de avanzar hacia un marco regulatorio más flexible, políticas activas de empleo eficaces y una revisión de los costes laborales. “Nuestro objetivo es seguir impulsando un empleo de calidad en logística y transporte, favoreciendo el crecimiento del sector y transformando el trabajo estacional en oportunidades sostenibles para los trabajadores”, concluye Francisco Aranda.

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