Las protestas que se están sucediendo en Francia está teniendo efectos colaterales sobre otros actores, completamente involuntarios, pero víctimas o rehenes de la situación, como lo son los transportistas, y en especial, los españoles.

Toda reivindicación, para quien la realiza, es de justicia, y no entraremos a valorar los motivos de los agricultores franceses para realizar las acciones que están realizando, intentando crear el colapso de su país utilizando como "herramienta" la paralización de las cadenas de suministro. Muchos son los que tachan de error su posicionamiento, ya que intentan parar las cadenas de suministro que tienen su origen en España, cuando los causantes de su situación están al norte, en Bruselas, en la sede del gobierno de la Unión Europea.

Pero siempre es más sencillo cortar una carretera del sur, que al final, al que mayor daño le hace, es precisamente a los países que están más a sur de Francia, es decir, tanto España, como Portugal e incluso Marruecos, país al que se han trasladado muchas industrias desde Francia. Si además, añadimos una gradual subida en la intensidad de las acciones, con amenazas y actos vandálicos, la cosa comienza a ser muy seria para quien es transportista y está completamente bloqueado en una carretera francesa.

Y precisamente, este conflicto se está dando en uno de los momentos de mayor desequilibrio entre la demanda y la oferta, además de estar en un ciclo de altos costes. Algunas asociaciones empresariales de transporte y asociaciones de transportistas, están cifrando en cerca de 12 millones de euros diarios las perdidas del sector del transporte español, por las paralizaciones, los asaltos, el bandidaje y los daños a los vehículos.

Un número importante de empresas están congelando temporalmente los viajes a Francia o Europa, porque aquí está otro de los puntos, y es que quien quiera viajar a Bélgica o el norte de Europa, debe de transitar por Francia. Se está creando un efecto doble, el primero de alza de precios en el transporte internacional, ya que quienes quieren aventurarse en entrar en Francia, ya piden tarifas muy superiores a los de hace 1 semana; y, por otro lado, un número importante de camiones que no están haciendo transporte internacional, comienzan a entrar en busca de cargas nacionales, con el objetivo de facturar, lo que está provocando una mayor tensión de precio en el mercado.

En definitiva, raro es el conflicto en el que el sector del transporte no se ve salpicado de una forma u otra.

Carlos Zubialde

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