El futuro de la electrificación del transporte está escrito, pese a que parece que es un tema que parece quedar "muy lejos". La Eurocámara lo tiene claro, conociendo que los vehículos pesados son los responsables del 25% del total de emisiones de gases de efecto invernadero que genera el transporte por carretera, y que además, el transporte representa algo más del 6% del total de las emisiones de la UE, las medidas que se están adoptando, pese a quien le pese, no tendrán vuelta atrás.

Lo más reciente es que la Eurocámara ha aprobado un nuevo y potente reglamento para reducir un 90% las emisiones de los camiones para el año 2040. Puede parecer una fecha muy lejana, pero el tiempo transcurre de forma vertiginosa, y todos los implicados en la cadena de suministro deben de ponerse manos a la obra, de forma inmediata. Este reglamento fue aprobado con 445 votos a favor, 152 en contra y 30 abstenciones; el texto fija el recorte de CO2 en un 45% para el período 2030-2034 y un 65 % para 2035-2039. Todo ello tomando como base las emisiones de los vehículos pesados en 2019.

Estos ambiciosos objetivos de reducción de emisiones son los mismos que los propuestos por el Consejo de la UE, con la diferencia que el texto aprobado por la Eurocámara no contempla algunas exenciones que sí que se planteaban en el texto del Consejo. El siguiente paso es que el Consejo y el Parlamento Europeo debatan y aprueben el texto final. No se espera cambios sustanciales en los objetivos de las reducciones de emisiones, ya que ambos han coincidido en las metas que se quieren lograr, así como en el calendario, por lo que se puede afirmar que es altamente probable que los tiempos y porcentajes queden igual.

Donde puede haber un cambio puede ser en las exenciones de ciertos vehículos pesados, porque el Consejo aprobó un texto donde quedaban exentos los vehículos pesados destinados a la minería, la agricultura, servicios públicos como bomberos o fuerzas armadas, así como los de la recogida de basuras, y que no han sido incluidos en el reglamento aprobado por la Eurocámara.

Las partes manifiestan sus impresiones

Como decíamos, estos objetivos tienen un impacto global sobre toda la cadena de suministro. Aunque se hable de la descarbonización del transporte y la electrificación como la vía futura, esto no afecta únicamente al sector del transporte, no consiste en cambiar un vehículo de combustión por otro eléctrico. El cambio es tan profundo que afecta a transportistas, fabricantes, generadores de electricidad y como no, a las instituciones.

Los fabricantes han declarado que por su parte están abordando el proceso de descarbonización, que supone un cambio profundo de sus industrias, y se quejan de los tiempos establecidos, ya que declaran que para ellos, la pregunta no es si se puede descarbonizar, sino con qué rapidez, porque la descarbonización no es una opción, es "la opción".

Cargan además contra la administración por la casi ausencia de infraestructura de carga y descarga, entendiendo que el verdadero reto es ese, además de la falta de apoyo real para reemplazar los modelos de combustión interna por eléctricos, que opinan, amenaza su competitividad, por el alto esfuerzo que les está suponiendo la adaptación de su negocio a una nueva realidad como es la electrificación.

Por otro lado, los transportistas tampoco están contentos con el reglamento y sus objetivos, que los tachan de muy poco realistas, acusando además a los políticos de legislar desde su posición ideológica, y con muy poco rigor y absoluto desconocimiento de la situación real del sector. Además, se señala, al igual que lo hacen los fabricantes, que unos de los aspectos cruciales es la nula posibilidad de suministro de energía y de puntos de carga, que, precisamente, es un aspecto que queda en su tejado a nivel de legislación.

Tampoco ahorran críticas desde las asociaciones de transportistas a la negativa de su propuesta para complementar la electrificación, entendiendo que no puede ser la única alternativa para la descarbonización, y se contemple también el uso de ecocombustibles, que puedan ser utilizados en vehículos de combustión interna, pero que son neutros en emisiones de carbono. Hay que señalar que el Parlamento Europeo, aunque rechazo esta propuesta, ha dejado abierta una opción para que pueda ser tenida en cuenta en un futuro, aunque en este caso, habría que señalar que los fabricantes están centrando sus esfuerzos en los vehículos eléctricos, por lo que es posible que la propuesta no tuviera recorrido.

Artículo propiedad Carlos Zubialde

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