Parece que no, que los números no salen a tenor de lo que se puede desprender del informe bienal del International Transport Forum, que ha traducido el Ministerio de Transportes, y que siguiendo las políticas actuales, el porcentaje de reducción de emisiones para el 2050, solo sería de un 3%, eso es, ¡un 3%!

Y es que, hay que comenzar a ser claro con las cifras, porque detrás de todos los mensajes para la reducción de la huella de carbono, para fomentar el cambio hacia la electrificación, finalmente, parecen tener resultados muy pobres, si ponemos encima de la mesa los esfuerzos que se están realizando.

Reducir únicamente un 3% las emisiones en 25 años, hace plantearse si este viaje es realmente necesario, con todo el cambio que ello conllevará nivel de cadenas de suministro, por ejemplo. La OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos), que ofrece una visión general de las tendencias actuales y las perspectivas a corto plazo para el sector del transporte mundial, ya está poniendo encima de la mesa la situación, y es que, si no se es más ambicioso en los objetivos y se acortan los plazos, este viaje, posiblemente, no haya servido de mucho.

El último informe de esta organización ya lo dice, seguir por el camino actual supone no cambiar mucho el panorama actual, y si se quieren lograr los objetivos marcados para el sector del transporte, se debe de acelerar urgentemente las medidas, y reducir también los plazos. Este último informe, muy centrado en la reducción de emisiones de CO2 en el transporte, ha trabajado sobre un escenario siguiendo las pautas actuales, y luego un segundo escenario, sobre el que entienden que se debería de trabajar para lograr los objetivos de eliminación de emisiones.

El informe en castellano llega a esa pobre conclusión de que el sector del transporte, aun haciendo un importante esfuerzo, no llega a los objetivos, y además, en realidad, solo se reduciría un 3% esas emisiones. Contrasta con la cifra que se logra del segundo escenario en el informe, ya que la OCDE considera que con el cambio de ciertas medidas y la intensificación de otras, puede lograrse una reducción de hasta el 80% de las emisiones de CO2 en el 2050.

Si nos centramos en las recomendaciones que hacen para las instituciones, en realidad, no encontramos cuestiones muy novedosas. Por ejemplo, se habla de mejorar la planificación, sobre todo, enfocado en las infraestructuras, que son uno de los grandes problemas. También se señala que es necesario que los gobiernos aceleren con sus políticas la transición hacia vehículos más sostenibles, al igual que también deben de hacerlo hacia modos de transporte más sostenible, sea por los medios actuales, sea fomentando entre todos algunos, como el ferrocarril o la intermodalidad.

Y como no, las menciones a potenciar una mayor y mejor fiscalidad se plantea como una de las palancas más importantes para producir un cambio real. El informe detalla tanto las ayudas propias al cambio de tipo de vehículo, como la toma de decisiones que "empujen" al usuario al cambio, como por ejemplo, establecer tarifas por acceso a los núcleos urbanos, una cuestión que empieza a estar cada vez más presente en los debates que se están planteando sobre las normativas de acceso, las Zonas de Bajas Emisiones etc.

Queda un largo camino, pero o se cambia o el beneficio logrado, será tan exiguo que nos preguntaremos si mereció la pena el sacrificio.

Carlos Zubialde

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