Waymo, la filial de conducción autónoma de Alphabet, pondrá en circulación sus robotaxis en Madrid en 2027, en lo que sería su primer servicio comercial en España y uno de los primeros en Europa. No se conocen todavía el mes de lanzamiento, el número de vehículos ni las zonas de la ciudad en las que operará, y tampoco si utilizará su propia aplicación o se apoyará en alguna de las plataformas de movilidad que ya trabajan en la capital. Su llegada coincidirá con la de la compañía estonia Bolt, que prepara su desembarco en Madrid con el mismo calendario, con software de conducción autónoma de Nvidia y vehículos de Lucid.
Waymo llega con una trayectoria que ninguno de sus competidores puede igualar. Opera servicios de pasajeros en ciudades estadounidenses como San Francisco, Phoenix, Los Ángeles y Austin, acumula decenas de millones de kilómetros en modo autónomo y controla toda la cadena, desde los sensores y el software hasta la flota y la aplicación, con vehículos eléctricos que tienen en el Jaguar I-Pace su referencia principal.
El obstáculo está en la normativa: en España, las pruebas de vehículos automatizados en vía pública se rigen por instrucciones de la DGT que exigen autorización previa, un conductor de respaldo en la mayoría de los casos y un registro de incidencias. Un servicio comercial sin nadie a bordo obligaría a revisar el Reglamento General de Circulación y a resolver el encaje de la responsabilidad civil, que hoy recae en la persona que conduce. La referencia europea más cercana, el reglamento de Naciones Unidas que homologa sistemas automatizados de mantenimiento de carril, solo cubre funciones de nivel 3 en condiciones muy acotadas, lejos del nivel 4 urbano que prometen Waymo y Bolt. Ese marco tendrá que negociarse con Bruselas y con las autoridades españolas en los próximos dos años.
El precedente de Cruise, la filial de General Motors, muestra lo frágil que puede ser la confianza en esta tecnología. La empresa llegó a tener permiso para operar las 24 horas en San Francisco y lo perdió pocas semanas después de un accidente en el que un peatón quedó atrapado bajo uno de sus vehículos. General Motors cerró el negocio en diciembre de 2024. La economía del servicio tampoco está resuelta, porque Waymo no publica su rentabilidad por viaje y sus tarifas en Estados Unidos se sitúan por debajo del coste real si se incluye la amortización de los vehículos y los sensores.
Aunque el anuncio se refiere al transporte de pasajeros, el sector logístico tiene motivos para seguirlo de cerca. El marco que España construya para permitir que un coche circule sin conductor por el centro de Madrid será la base sobre la que se regulen después las furgonetas de reparto autónomas, los vehículos de distribución en polígonos y, más adelante, los camiones en corredores de autopista. Las primeras autorizaciones que conceda la DGT, el número de vehículos que lleguen a matricularse y las estadísticas de incidentes de los primeros meses darán una medida bastante precisa de cuánto falta para que esa tecnología llegue también a la distribución de mercancías.
Carlos Zubialde
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