Cualquier empresa que haya vendido fuera de la Unión Europea se ha hecho alguna vez la misma pregunta, ¿qué costes aduaneros tiene nuestro envío internacional y cómo se calculan antes de cerrar el precio con el cliente?

Durante años, la respuesta dependió de un agente de aduanas o de la experiencia acumulada a base de errores o solapando la información de envíos anteriores que pudieran ser similares. En la actualidad existen alternativas como MyGTS, la plataforma gratuita de DHL Express para calcular aranceles e impuestos aduaneros, que permite conocer esa cifra antes de que la mercancía salga del almacén.

La dificultad está en que no existe un cálculo universal, una creencia muy extendida entre quienes no tienen los conocimientos profundos en cuestiones aduaneras y arancelarias, y uno de los motivos que hace cometer errores en la gestión aduanera de la mercancía.

Cada país fija sus propios derechos de importación, sus impuestos indirectos y sus exigencias documentales, y un mismo producto puede entrar libre de aranceles en un mercado con el que la UE tiene acuerdo comercial y pagar en el de al lado. Es necesario señalar que pese a que la política arancelaria de la Unión Europea es unificada, la gestión final lo realiza cada país, así como la definición de los impuestos, caso del IVA si hablamos de España.

Para conocer cuál es el coste, todo parte de la clasificación arancelaria, una codificación exclusiva que tiene cada tipo de mercancía, desde un tornillo, pasando por las manzanas o la ropa. Esta clasificación es un código HS, cuya asignación corresponde siempre al remitente, que es quien debe identificar qué tipo de mercancía es y cuál es su código arancelario. Si este no es correcto, cambia el tipo aplicable o deja el envío parado en la frontera hasta su correcta clasificación y despacho aduanero.

Para cualquier empresa, sea una pyme o una gran corporación, ese margen de error tiene consecuencias muy concretas como la paralización de la mercancía en la aduana como mínimo, y también una sanción en los casos más graves. Las normas, además, se mueven, como comprobaron muchas tiendas online españolas cuando Estados Unidos eliminó en 2025 la exención de minimis para los envíos de bajo valor (800 dólares en este caso) y tuvieron que rehacer precios casi de inmediato.

MyGTS intenta ordenar ese terreno en un solo sitio, reuniendo la normativa comercial de 227 países y territorios, un buscador de códigos HS, la estimación del coste total en destino y la información sobre más de 200 acuerdos de libre comercio, de modo que la empresa puede saber cuál es el arancel correspondiente a su mercancía. También permite comparar rutas para ver qué mercados presentan menos trabas y descargar plantillas de la documentación que exige cada destino.

¿Y la inteligencia artificial? Su aportación más tangible aparece en el punto donde nacen buena parte de las incidencias, la descripción de lo que se envía. DHL Express ha incorporado a su proceso de reserva un sistema de visión artificial que, a partir de una foto del artículo, genera una descripción ajustada a los requisitos aduaneros, que el remitente puede revisar o modificar antes de confirmar. El sistema de visión artificial para codificar la mercancía ya funciona en trece mercados y se extenderá a otros a lo largo de 2026.

Una descripción precisa y un código bien asignado son la base sobre la que se calcula todo lo demás, y ahí la tecnología ahorra tiempo, reduce retenciones, y sobre todo, elimina al máximo posible posibles sanciones por una incorrecta documentación de la mercancía. Porque lo que no cambia es quién responde ante la aduana, la responsabilidad sigue recayendo en quien declara la mercancía.

La cuestión, más que si la IA puede calcular aranceles, que ya se demuestra que es posible y accesible para todas las empresas, es si esas mismas empresas están dispuestas a incorporar ese dato al principio del proceso comercial y no al final como sucede en muchos casos donde se trabaja de forma manual. Quien conoce el coste en destino antes de fijar el precio puede elegir mercados con criterio, y quien lo descubre con el envío ya en camino solo puede asumir la diferencia, pudiendo ser incluso una pérdida económica.

Carlos Zubialde

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