El crecimiento del ecommerce de alimentación no es nuevo, pero empieza a dejar cifras que obligan a tomarlo en serio como segmento logístico con entidad propia. SEUR frío cerró 2025 con un incremento del 19% en volumen, según ha declarado la propia compañía, una evolución que no se explica solo por el empuje del comercio online, sino también por la madurez que está alcanzando la demanda: el consumidor que compra pescado o carne por internet ya no acepta que llegue fuera de temperatura.
Ese cambio de exigencia es el que está empujando a los operadores a profesionalizar una parte de la cadena que durante años funcionó de forma más artesanal. SEUR cuenta actualmente con una flota de alrededor de 600 vehículos frigoríficos y 82 naves refrigeradas, y ha destinado más de un millón de euros a implantar un sistema IoT con más de 2.000 dispositivos de medición de temperatura bajo tecnología NB-IoT, instalados en vehículos, contenedores certificados ATP y cámaras de frío de su red.
La apuesta tiene un propósito concreto: garantizar la trazabilidad de la temperatura desde la recogida hasta la entrega final, sin puntos ciegos en el proceso. Para los cargadores del sector alimentario, esto no es un añadido tecnológico, sino una condición cada vez más exigida tanto por sus clientes finales como por los marcos normativos que regulan el transporte de productos perecederos.
El segmento más activo dentro de SEUR frío son los productos cárnicos, que representan el 20% del total transportado, seguidos de pescado y marisco, platos preparados, quesos, lácteos y bebidas pasteurizadas. Una composición que refleja con bastante fidelidad el perfil del ecommerce alimentario que está creciendo en España, donde la proteína fresca y los procesados de calidad están ganando terreno frente a la compra impulsiva de hace unos años.
En el plano internacional, la compañía amplía ahora el servicio de temperatura controlada a Portugal, sumándolo al corredor con Francia que opera desde 2017, donde según sus propias cifras es el único operador que presta este tipo de servicio de forma internacional. Para las empresas exportadoras de alimentación con destino ibérico o francés, esa extensión de cobertura reduce uno de los principales cuellos de botella de la cadena de frío: la ruptura de la temperatura en el paso fronterizo o en el cambio de operador.
La certificación ISO 23412 de AENOR, obtenida en 2021, completa el cuadro de credenciales del servicio. Fue la primera solución del sector en España en conseguirla, y avala el transporte terrestre de paquetes con transferencia intermedia a temperatura controlada, precisamente el punto más delicado de toda la operación.
Lo que subyace a estos datos es una transformación más amplia: la cadena de frío está dejando de ser una especialidad de nicho para convertirse en un requisito de acceso a determinados mercados. Las empresas alimentarias que venden online sin poder garantizar la trazabilidad de la temperatura durante todo el trayecto van a encontrar cada vez más dificultades para operar con los estándares que exige el canal digital.
Carlos Zubialde





