Maersk ha comunicado a nivel global el fin del teletrabajo en sus oficinas a partir de enero, una decisión que ha generado un conflicto laboral en España después de que UGT y CCOO denunciaran públicamente la medida el pasado 14 de julio. Los sindicatos la consideran una modificación sustancial de las condiciones de trabajo y reclaman a la dirección de la naviera danesa la apertura de una mesa de negociación real antes de aplicarla.

El argumento sindical se apoya en varios frentes. Por un lado, señalan que la vuelta a la presencialidad total obligará a cientos de empleados a desplazarse a diario en vehículo privado, lo que consideran contradictorio con la política de reducción de emisiones que la propia Maersk mantiene a nivel corporativo, y advierten además de un mayor riesgo de accidentes in itinere, aquellos que ocurren en el trayecto de ida o vuelta al trabajo. Por otro, denuncian que los centros de trabajo actuales no cuentan, según fuentes del comité de empresa, con capacidad física suficiente para acoger a toda la plantilla de forma simultánea, lo que podría derivar en reorganizaciones o traslados de centros en los próximos meses.

El marco legal español añade un matiz relevante a este conflicto, porque la Ley 10/2021 de trabajo a distancia establece que el teletrabajo es voluntario y no puede imponerse su reversión sin acuerdo cuando existe un pacto vigente entre empresa y trabajador. Si la medida de Maersk se considera una modificación sustancial de las condiciones laborales, su aplicación dependerá en la práctica de los contratos, los acuerdos de teletrabajo específicos y los convenios colectivos vigentes en cada centro, un extremo que corresponderá determinar a la negociación entre las partes o, en su caso, a los tribunales.

Vincent Clerc, consejero delegado de Maersk, ha vinculado la decisión con la transformación del mercado laboral y la creciente incorporación de inteligencia artificial a la operativa de la compañía, aunque Maersk todavía no ha detallado públicamente cómo se aplicará esta política país por país, ni por centro o categoría profesional. La medida tampoco representa una tendencia uniforme dentro del sector naviero, porque otras compañías danesas como TORM, Hafnia o Norden han señalado que mantendrán distintas modalidades de trabajo remoto, lo que confirma que las grandes navieras están adoptando estrategias laborales dispares tras la pandemia.

El conflicto llega además en un momento de expansión de Maersk en España, con la puesta en marcha de su primera plataforma logística en Barcelona, un crecimiento que ha ido acompañado de un aumento de plantilla local en los últimos años. Esa combinación, más empleados y menos flexibilidad horaria, es precisamente lo que preocupa a los representantes sindicales, que apuntan a que el modelo híbrido había demostrado mantener, e incluso mejorar, los niveles de productividad de la plantilla desde que se implantó tras la pandemia.

El desenlace de este conflicto dependerá en buena medida de si Maersk abre finalmente esa mesa de negociación que reclaman los sindicatos, o si opta por aplicar la medida de forma unilateral y dejar que sean los tribunales quienes determinen si constituye o no una modificación sustancial de las condiciones laborales conforme a la normativa española vigente.

Carlos Zubialde

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