La compañía estadounidense Amazon acaba de hacer oficial lo que muchos en el sector esperaban, y que algunos preferían no ver llegar: ha abierto su red logística completa a cualquier empresa, venda o no en su plataforma. El servicio se llama Amazon Supply Chain Services (ASCS) y, de entrada, opera en Estados Unidos, aunque sería ingenuo pensar que ahí se va a quedar, porque su idea es expandir a otros mercados como Europa.

ASCS amplía la cartera completa de capacidades de carga, distribución, cumplimiento y envío de paquetes a empresas de todo tipo y tamaño, no solo a vendedores de Amazon. La oferta abarca transporte marítimo, aéreo, terrestre y ferroviario, respaldada por más de 80.000 remolques, más de 24.000 contenedores intermodales y más de 100 aviones. No es una prueba piloto ni una prueba de concepto: Procter & Gamble, 3M y American Eagle Outfitters ya se han inscrito en el servicio de Amazon en Estados Unidos.

La reacción del mercado ha sido inmediata, las acciones en bolsa de UPS y FedEx cayeron un 10% y un 9,29%, respectivamente, en la jornada del anuncio, porque los inversores no han tardado en leer entre líneas lo que esto significa: Amazon no está simplemente ofreciendo un servicio más, está entrando de lleno en el negocio que durante décadas fue territorio exclusivo de los grandes operadores internacionales.

La analogía que usa la propia compañía para explicar el movimiento es ciertamente llamativa, ya que Peter Larsen, vicepresidente de Amazon Supply Chain Services, lo compara directamente con lo que hizo AWS para la computación en la nube. Es decir, convertir una infraestructura construida para uso interno en la base de un negocio que termina siendo mayor que el original. Quien siguió de cerca la historia de AWS sabe que eso no es retórica corporativa: es exactamente lo que ocurrió, hasta llegar a convertirse en el principal proveedor de servicios en la nuve a nivel mundial.

Por ahora, el servicio está activo en Estados Unidos, aunque está claro que, si funciona, terminará por expandirse a otros emplazamientos como Europa. Y ese "sí funciona" tiene pocas dudas: Amazon lleva más de dos décadas perfeccionando cada capa de su cadena de suministro bajo una presión operativa que ningún operador logístico tradicional ha experimentado con esa escala y esa exigencia de plazos. La infraestructura ya existe, ya está amortizada en buena parte, y el coste marginal de abrirla a terceros es estructuralmente bajo.

Para el mercado europeo, esto plantea una pregunta que conviene hacerse ahora y no cuando el servicio ya esté operativo en España, Alemania o Polonia: ¿qué posición tienen los operadores actuales en una competencia donde el rival lleva décadas construyendo lo que ellos ofrecen como propuesta diferencial? La escala, la automatización, la integración tecnológica y la capacidad de fijar precios agresivos son exactamente los ejes donde Amazon es más difícil de igualar.

Los actuales proveedores logísticos estarán mirando con atención cómo evoluciona ASCS en el mercado estadounidense, ya que el modelo de negocio que Amazon consolide allí será, con matices regulatorios, el que aterrice en Europa. Y los cargadores, por su parte, tendrán que valorar si las condiciones que Amazon pondrá sobre la mesa justifican el riesgo de concentrar su cadena de suministro en un proveedor que es, al mismo tiempo, competidor en otros negocios.

El sector logístico europeo ha sobrevivido a muchos cambios de ciclo, pero este tiene una naturaleza distinta: no es una crisis de demanda ni un problema de costes, sino la entrada en el juego de un actor al que se esperaba desde hace tiempo, y que llega con recursos casi ilimitados que convierte en servicio comercial lo que construyó para sí mismo.

Carlos Zubialde

contacto@informacionlogistica.com