Una de las peticiones más habituales vuelve a estar encima de la mesa, y es que la Autoridad Laboral Europea ha puesto negro sobre blanco en algo que el sector conoce desde hace años: que la paquetería y la última milla funcionan a través de estructuras de subcontratación complejas donde el trabajo no declarado o infradeclarado sigue presente y donde la capacidad de control de los Estados miembros resulta limitada. El reconocimiento institucional llega ahora en forma de informe, pero la práctica diaria en el transporte por carretera apenas se ha movido desde hace ya muchos años.

El estudio sobre los desafíos para abordar el trabajo no declarado en la paquetería describe un ecosistema fragmentado, con múltiples intermediarios y modelos empresariales apoyados en autónomos, microempresas y agencias de trabajo temporal. No existen datos armonizados a nivel europeo que permitan dimensionar el problema con precisión, lo que ya es un síntoma relevante. Las cifras disponibles dependen de inspecciones nacionales y de estimaciones de interlocutores sociales, lo que dificulta evaluar el alcance real de las irregularidades.

En el caso español, el análisis se detiene en el ámbito de los repartidores vinculados a plataformas digitales como Amazon, cuya laboralidad quedó definida normativamente en 2021. Sin embargo, el informe va más allá y apunta a prácticas de externalización en grandes operadores logísticos que, mediante la subcontratación a terceros, mantienen esquemas que eluden la contratación directa. Cuando la entrega se articula a través de intermediarios que operan con vehículos ligeros o bicicletas, el encaje en la normativa sectorial y en los convenios colectivos se diluye. El resultado es una cadena donde la responsabilidad se fragmenta y la trazabilidad laboral se complica.

Paralelamente, el Parlamento Europeo somete a votación un informe de su comisión de Empleo sobre las cadenas de subcontratación en todos los sectores. El diagnóstico coincide: persistencia de abusos, explotación y competencia desleal que perjudican tanto a los trabajadores como a las empresas que cumplen la normativa, especialmente pymes. No es una cuestión nueva en el transporte, donde la presión sobre precios ha favorecido históricamente la externalización en cascada como herramienta de ajuste de costes.

La Federación Europea de los Trabajadores del Transporte y la organización que agrupa a pequeños transportistas han reclamado un marco jurídico específico que limite los abusos en la contratación y subcontratación en carretera. Entre las propuestas que se plantean figuran mayor transparencia en la cadena, responsabilidad solidaria entre eslabones y refuerzo de las capacidades inspectoras, incluyendo unidades de control sectoriales dentro de la propia Autoridad Laboral Europea.

El debate, sin embargo, no parte de cero. La dependencia de cadenas largas y opacas ha sido señalada de forma reiterada en informes nacionales y europeos durante la última década. La intermediación abusiva y la subcontratación financiera no son fenómenos emergentes, sino prácticas consolidadas en determinados segmentos del mercado, especialmente en la distribución urbana vinculada al comercio electrónico.

Para las pymes de transporte, la situación genera una distorsión estructural con la que conviven desde hace décadas. Competir con operadores que trasladan riesgos laborales y obligaciones contractuales hacia abajo en la cadena erosiona márgenes y dificulta la estabilidad empresarial. La falta de control efectivo no solo tiene implicaciones sociales, sino también económicas y operativas, porque altera las reglas de competencia.

El reconocimiento europeo del problema supone un paso formal, pero la cuestión clave es si se traducirá en mecanismos ejecutivos capaces de modificar incentivos en la contratación. Mientras la responsabilidad se diluya entre intermediarios y la inspección continúe siendo desigual entre Estados, la subcontratación seguirá funcionando como válvula de ajuste en un sector donde el precio continúa marcando la pauta, mientras la precarización de la última milla es cada vez más evidente.

Carlos Zubialde

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