La compañía naviera Maersk ha dado el primer paso que muchos en el sector esperaban, aunque pocos se atrevían a anticipar con fechas. La naviera danesa ha decidido restablecer por primera vez un servicio completo a través del Canal de Suez y el Mar Rojo, marcando un punto de inflexión en una de las mayores disrupciones recientes del transporte marítimo global. No se trata de un tránsito puntual ni de un buque aislado, sino del retorno estructurado de una rotación regular, tras semanas de pruebas controladas.
Esta decisión llega después de varios viajes individuales que han permitido a Maersk evaluar sobre el terreno el nivel real de riesgo en la zona. En un contexto de menor tensión geopolítica, con ausencia de ataques hutíes en los últimos meses y un frágil alto el fuego en Gaza, la compañía considera que existe una ventana operativa suficiente para reactivar la ruta más corta entre Asia, Oriente Medio y Estados Unidos. El servicio elegido para este regreso es el MECL, una línea estratégica que conecta India y Oriente Medio con la costa este estadounidense, con escala intermedia en Tánger Med.
Este movimiento no es menor. Durante más de un año, la mayoría de las grandes navieras han optado por rodear África vía el Cabo de Buena Esperanza, asumiendo mayores tiempos de tránsito, sobrecostes operativos y un impacto ambiental notable. El regreso de Maersk a Suez introduce una nueva variable en el equilibrio del mercado: la posibilidad de recuperar eficiencia, reducir millas navegadas y ofrecer a los cargadores una alternativa más rápida y previsible.
Sin embargo, la decisión está lejos de ser definitiva. Maersk insiste en que el retorno es gradual y reversible. La compañía mantiene planes de contingencia activos y no descarta desviar de nuevo sus servicios si la situación en el Mar Rojo vuelve a deteriorarse. El mensaje es claro: la ruta es operativamente viable hoy, pero sigue siendo políticamente frágil.
El sector observa con atención. CMA CGM también ha dejado entrever movimientos similares, y si ambos gigantes consolidan su regreso, podría iniciarse un efecto arrastre para el resto del mercado. No obstante, muchas navieras aún prefieren la prudencia, conscientes de que cualquier incidente podría obligar a un nuevo repliegue inmediato.
Más allá de la coyuntura, el retorno de Maersk a Suez reabre un debate de fondo: hasta qué punto la logística marítima global puede seguir dependiendo de corredores estratégicos extremadamente sensibles. La crisis del Mar Rojo ha demostrado que la resiliencia no se construye solo con barcos más grandes o alianzas más amplias, sino con capacidad real de adaptación a escenarios geopolíticos volátiles.
Por ahora, Maersk ha movido ficha. El tablero vuelve a cambiar. Y el comercio internacional, una vez más, queda a la espera de que la estabilidad dure lo suficiente como para convertir este regreso en algo más que un paréntesis.
Carlos Zubialde
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