La logística vinculada al comercio electrónico mantiene una trayectoria de crecimiento que no parece alterarse ni siquiera ante el endurecimiento regulatorio sobre los envíos de bajo valor en Estados Unidos y la Unión Europea. Los datos más recientes de Transport Intelligence confirman que el mercado global de servicios logísticos para e-commerce continúa expandiéndose tanto en el ámbito nacional como en el transfronterizo, con una intensidad mayor en este último.

Entre 2022 y 2025, el segmento doméstico ha pasado de 336.700 millones de euros a 486.000 millones, un incremento acumulado cercano al 44%. En paralelo, la logística asociada a flujos transfronterizos ha evolucionado de 63.300 millones a 96.100 millones de euros, lo que supone un crecimiento aproximado del 52% en el mismo periodo. No se trata solo de una expansión cuantitativa, sino de un cambio cualitativo en la estructura de la demanda online, cada vez más internacionalizada.

El mayor dinamismo del comercio electrónico transfronterizo introduce una complejidad operativa adicional de aplicación dentro de pocos meses. Los operadores deberán gestionar procesos aduaneros, tiempos de tránsito más amplios y mayores exigencias en trazabilidad, al tiempo que mantienen estándares de entrega comparables a los domésticos. Esto implicará una serie de inversiones sostenidas en sistemas de información, capacidad aérea y acuerdos con redes locales en destino, con un claro impacto sobre sus cuentas de resultados.

Las previsiones hasta 2030 apuntan a una desaceleración respecto al crecimiento registrado entre 2022 y 2025, pero no a una contracción. Debemos recordar que solo en España entre el 2019 y 2024, se triplicaron los envíos de comercio electrónico, pasando de 500 millones de paquetes a 1219 millones de paquetes en el 2024. El mercado nacional podría pasar de 486.000 millones de euros en 2025 a 653.400 millones en 2030, con tasas anuales de un dígito medio. En el caso del segmento transfronterizo, se proyecta una evolución desde 96.100 millones hasta 129.400 millones en el mismo horizonte temporal, manteniendo una senda de crecimiento similar.

Para las empresas logísticas, este escenario les obliga a revisar su posicionamiento y su operativa. El volumen seguirá aumentando, pero el entorno regulatorio será cada vez más exigente y los márgenes continuarán bajo presión, con posibilidad de una merma en los mismos. La fiscalidad sobre envíos de bajo coste, el control aduanero reforzado y las políticas de sostenibilidad incidirán directamente en costes y tiempos operativos.

Los transportistas y los operadores de última milla deberán decidir si participan en esta expansión asumiendo mayores requerimientos tecnológicos y de cumplimiento normativo, o si optan por especializarse en nichos menos expuestos a la volatilidad internacional. En cualquier caso, la planificación de capacidad, la integración digital con plataformas de venta y la eficiencia en la gestión de devoluciones serán factores determinantes en todos los casos.

El crecimiento hasta 2030 parece descontado por el mercado. La cuestión no es si habrá más volumen, sino qué empresas estarán preparadas para gestionarlo sin deteriorar su rentabilidad. Conviene analizar desde ahora qué inversiones, alianzas y ajustes operativos son necesarios para no quedar fuera de una cadena logística cada vez más global y exigente.

Carlos Zubialde

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