La noticia que sacudido el sector del transporte en Europa estos primeros días del año, requiere del poso necesario, así como un análisis sosegado, y es que la posible salida de bolsa de InPost se ha convertido en uno de los movimientos corporativos más relevantes del inicio de 2026 en la logística europea. La compañía, especializada en redes de taquillas automáticas y lockers para paquetería, confirmó recientemente la recepción de una propuesta indicativa para la adquisición de la totalidad de sus acciones, una noticia que provocó una fuerte reacción del mercado con una considerable subida de sus acciones, y reavivó el debate sobre quién puede estar realmente detrás de la operación.

Aunque los comunicados oficiales no identifican al potencial comprador, el análisis de la estructura accionarial, la trayectoria de la empresa y el contexto regulatorio europeo permite acotar con bastante precisión el perfil más probable. Frente a las especulaciones que apuntan a grandes operadores logísticos como DHL, UPS o similares, plataformas de comercio electrónico tipo Amazon o capital asiático, la lógica estratégica sitúa al capital riesgo como el candidato mejor posicionado para liderar la operación.

El motivo es sencillo de comprender, en este escenario, el nombre de Advent International aparece con fuerza porque no se trata de un actor ajeno a InPost. El fondo de capital riesgo ya tomó el control de la compañía en 2017, impulsó una profunda transformación operativa y financiera y la llevó de nuevo a los mercados públicos en 2021, aprovechando el auge del comercio electrónico. Desde entonces, InPost ha dejado de ser un operador local para convertirse en una plataforma paneuropea, con una estrategia de crecimiento basada tanto en expansión orgánica como en adquisiciones relevantes (recordemos en España el año pasado la operación de compra de Sending).

Sin embargo, el mercado bursátil no ha acompañado esta evolución. A pesar de integrar activos como Yodel, Menzies, Mondial Relay o Sending, la cotización ha permanecido por debajo del precio de salida a bolsa durante buena parte del tiempo. Esta desconexión entre el valor industrial del proyecto y su valoración bursátil refleja una tensión clásica: los mercados públicos tienden a penalizar el impacto a corto plazo en la generación de caja que conllevan las fases intensivas de inversión y expansión, mientras que el capital riesgo suele priorizar la creación de valor a largo plazo.

La estructura accionarial refuerza esta hipótesis. PPF Group controla en torno al 29% del capital, mientras que el fundador de la compañía, Rafal Brzoska, mantiene aproximadamente un 12,5%. Ambos accionistas tienen incentivos claros para mantener su participación, vamos, que no parece que tengan intención de desprenderse de las mismas. Si sucede esto, reduciría significativamente el porcentaje de capital que un consorcio comprador debería adquirir en el mercado. En términos prácticos, bastaría con hacerse con algo menos del 60% del capital para retirarla de la bolsa y tener el control de la misma.

Este planteamiento resulta especialmente viable si se tiene en cuenta la capacidad de generación de caja de InPost y su potencial para soportar niveles relevantes de apalancamiento. Para un fondo con decenas de miles de millones de dólares bajo gestión, la operación resulta asumible desde el punto de vista financiero y coherente desde una perspectiva estratégica.

Las alternativas presentan obstáculos difíciles y retos demasiado complicados de resolver. Una adquisición por parte de grandes operadores como DHL, Geopost o UPS activaría de inmediato la acción antimonopolio en la Unión Europea, debido al riesgo de integración vertical y a la concentración de poder en la última milla. En el caso de Amazon, las autoridades de competencia supondrían una barrera prácticamente infranqueable, ya se sabe el poco “cariño” que tiene la compañía estadounidense dentro de las esferas de la Unión Europea. Por su parte, la entrada de capital chino ni se plantea, sobre todo en la actualidad, con un contexto geopolítico adverso y a mecanismos de control de inversiones extranjeras cada vez más restrictivos en Europa.

Una InPost fuera de bolsa abriría un nuevo capítulo para el sector, porque estaría liberada de la presión de los resultados trimestrales y la presión accionarial de los inversores bursátiles. La compañía podría acelerar su despliegue de taquillas, intensificar la competencia en precios y continuar con adquisiciones selectivas en mercados clave que le permitan ampliar su presencia y posición en un mercado tan competido como el de la última milla del e-commerce. El objetivo no sería tanto el crecimiento inmediato del beneficio como la consolidación de una infraestructura crítica para la logística del comercio electrónico europeo.

Más allá de la operación concreta, el movimiento pone de relieve una tendencia de fondo: las redes de lockers y taquillas inteligentes se han convertido en activos estratégicos de largo plazo, dentro de un imparable movimiento OOH, cada vez más demandado. La empresa que demostró que este modelo puede escalar a nivel continental se prepara ahora, previsiblemente, para reforzar su posición lejos del foco de los mercados públicos. Posiblemente, si se materializa, estaremos ante uno de los pasos que puede redefinir el equilibrio competitivo de la última milla en Europa durante los próximos años.

Carlos Zubialde

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